CON FIRMA. “Cierres de camas en la sanidad madrileña”, por Daniel Bernabeu

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Un año más, los cierres estivales de camas en los hospitales de la Comunidad de Madrid se convierten en el paradigma de la insensibilidad y el nepotismo de nuestros políticos con los ciudadanos a los que dicen representar; con el agravante de que son los más débiles, los enfermos, pacientes de todas las edades, pero especialmente niños y ancianos, los que están sufriendo las frías matemáticas de los recortes que manejan nuestros gestores. Hacinados en las Urgencias, en sillones, en camas atravesadas, sin cortinas, sin descanso, sin intimidad, esperando esa ansiada cama en planta de hospitalización que suponga el inicio del fin de sus dolencias, pero que no acaba de llegar. Junto a ellos, profesionales sanitarios exhaustos: médicos, enfermeras, auxiliares, celadores, administrativos, que hacen frente a las incomodidades de unos y otros, con palabras de aliento, intentando justificar lo injustificable: que a nuestros gestores les importa poco la situación de pacientes y trabajadores sanitarios en los hospitales, más allá de lo que pueda afectar a su imagen pública.

Son múltiples las excusas que se ofrecen para justificar estos cierres “salvajes”: la disminución de la población por la migración veraniega, las vacaciones de los profesionales que disminuyen la actividad asistencial, la necesidad de mantenimiento de algunas infraestructuras aprovechando la menor ocupación… Pero todos, todos los años se repite la misma historia: ciudadanos que no han podido coger vacaciones, que siguen enfermando, que tienen accidentes, y que acuden a Urgencias con la esperanza y promesa de una asistencia eficaz, ejemplar y de “calidad excelente”, y que sin embargo solo encuentran largas esperas, incomodidades, hacinamiento y falta de intimidad.

Una situación que, a fuerza de repetirse, año tras año, ha conseguido insensibilizar las conciencias de los gestores hospitalarios y políticos; de igual forma que la visión repetida de la violencia de la guerra, o del hambre en África, consigue insensibilizar las nuestras sobre la dramática situación de las poblaciones afectadas. Escuchar los comentarios de los gestores que se enfrentan a tan ‘incómoda’ situación refuerza la consciencia de una insensibilidad patológica: “Tranquilidad, que es lo mismo de todos los años”, “Ya se pasará el ‘pico’ de saturación… si es necesario abrimos una planta una semana, pero vamos a aguantar un poco”. ¿Aguantar un poco? ¡Cuando sois los mismos que presionáis hasta la saciedad para que se ingrese en planta a uno de vuestros familiares! Pero ¿no se os cae el alma a los pies cuando visitáis las salas de urgencias a rebosar? Si hacéis lo imposible porque atiendan adecuadamente a un familiar vuestro, ¿por qué no tenéis la misma consideración con el resto de los pacientes? ¿Son acaso ciudadanos de segunda clase que han tenido la mala suerte de ponerse enfermos justo cuando pretendíais cuadrar vuestros presupuestos?

Y la solución la tenéis en vuestras manos desde hace mucho tiempo, porque todos los años el problema es el mismo y los sufrimientos los mismos. Gestionar la Sanidad es gestionar con eficiencia y humanidad, con responsabilidad económica pero también social, con participación, con transparencia y, sobre todo, ¡durante todo el año!, programando adecuadamente vacaciones y suplencias, potenciando el compromiso, la participación y el trabajo en equipo, con optimización de indicaciones y procedimientos. El verano supone una disminución de la actividad asistencial en algunas patologías, pero las aumenta en otras… Al igual que el invierno tiene sus picos de enfermedad por el frio, el verano tiene los suyos por el calor y la deshidratación, siendo ancianos y niños los más sensibles y afectados. Hasta ahora solo habéis sabido dar una respuesta a este problema: ignorarlo, como si no existiera.

Hasta que no demostréis que sabéis tratar al ciudadano que os elige, que os paga, que os confía su salud, como tratáis a vuestros familiares en similares situaciones, no merecéis llamaros gestores ni directivos. Cerrar este verano el 30% de las camas de un Hospital como La Paz, referente nacional en muchas patologías, incluso oncológicas, es una auténtica salvajada; un triste e inhumano reflejo de la desconexión entre los gestores, y los ciudadanos y profesionales sanitarios.

Afortunadamente, mañana, o pasado, o dentro de unos días o semanas, oiremos en las noticias que nuestro Hospital ha sido certificado en Responsabilidad Social Corporativa; veréis gerentes, directores y Consejería satisfechos, entre felicitaciones y aplausos, por la repercusión mediática y el ejemplo a seguir; destacando, con insolente suficiencia y a la sombra de alguna de las escasas y breves treguas asistenciales que el verano nos ofrece, la normalidad imperante. Y mientras, los demás seguiremos sufriendo, y luchando, por intentar humanizar una asistencia sanitaria enferma de insensibilidad y vanidad política. ¡Y sabéis que lo intentaremos hasta desfallecer, aun sabiendo que nuestra vocación es su escudo!

Daniel Bernabeu Taboada
Médico especialista en Radiodiagnóstico, Hospital Universitario La Paz. Presidente de AMYTS
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