CON FIRMA. “Atención Primaria: si yo fuera Presidente…”, por Ana Giménez

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Ya no sé cómo decirlo.

No sé qué medios emplear para conseguir concienciar a los responsables de la salud de los madrileños de que, en estos momentos, la Atención Primaria de nuestra Comunidad se encuentra en serio peligro. Se ahoga. Los profesionales huyen:

  • Pediatría: El 30% de las consultas de pediatría de los equipos de Atención Primaria se encuentran ocupadas por médicos de familia, y hay un porcentaje cada vez mayor de vacantes sin cubrir y suplencias de larga duración sin suplir (de las ausencias cortas ya ni hablamos). Porque la Administración no ha sabido / ¿querido? poner en marcha medidas para atraer a los pediatras a trabajar en ella:
    • ni mejoras retributivas (hace lustros que hemos denunciado que los pediatras están discriminados en cuanto a retribuciones, sin que se haya propuesto ni siquiera una medida de mejora),
    • ni en cuanto a horarios (para atraer a pediatras jóvenes, la inmensa mayoría de los cuales son jóvenes con necesidades de conciliación familiar),
    • ni en cuanto a reconocimiento del trabajo (sabemos que hay un porcentaje alto de recién nacidos a los que asigna pediatra, pero por los cuales el pediatra no es retribuido por falta de agilización de papeleo -y la Administración se encarga de publicar a bombo y platillo que no es necesario ningún papel para asignar pediatra a los recién nacidos-. Y ni un sólo euro por asumir las consultas de los compañeros. A diario. Y mucho tiempo. Eso le sale gratis a la Administración. Pero no a los profesionales, que cada día piensan en la forma de huir.
  • Medicina de Familia: La misma situación que está viviendo ahora la Pediatría de Atención Primaria está apareciendo en Medicina de Familia:
    • Ya es prácticamente imposible encontrar un suplente para una consulta de tarde. Y no digamos si la consulta de tarde está en una población periférica de la Comunidad. Todavía se encuentran médicos para cubrir vacantes, pero los contratos menos apetecibles cada vez tienen menos “novios”: no es fácil encontrar un médico para contratos alejados del centro, y la dificultad aumenta si se trata de turnos de tarde o SAR, y no digamos si lo que se pretende es un contrato temporal de área (los famosos contratos de “gripe” o refuerzos ocasionales para verano, donde el suplente tiene que moverse como si de un correturnos se tratase: hoy te toca en Arganda y mañana en Villarejo). De momento parece que se salvan los suplentes del turno de mañana (en Pediatría ni eso)… casi siempre.
    • Los cupos son cada vez más grandes: somos la segunda comunidad autónoma de España en cuanto a número de pacientes por médico. Y subiendo. Los médicos están tan desesperados que buscan “alivio” a su situación rechazando cada nuevo paciente asignado si su cupo se encuentra por encima del umbral optimo que se recoge en la ley de libre elección. Esto supone que cada año hay que gestionar más de 17.000 denegaciones de libre elección. Mucho trabajo de papeleo para la Administración. ¿Solución propuesta? Pues quitar los umbrales. No quito el problema -sobrecarga-, pero sí el trabajo para la Administración… aunque empeore el de los médicos.
    • Ahora desde el Gobierno se ha dicho que se va a quitar la tasa de reposición. Ahora. Ahora que ya la mayoría de los médicos de familia no fijos se han buscado otra opción y o bien se han ido fuera de España o bien han encontrado un contrato indefinido en los servicios de urgencias de un hospital.

Pero a mi entender, la peor de las precariedades que sufren las consultas de medicina de los equipos de Atención Primaria es la precariedad estructural: el trabajo diario es tan abrumador que la ausencia de cualquier profesional acaba con el mínimo equilibrio que tienen los equipos. En Atención Primaria NO VALE cerrar las consultas y que el paciente vuelva cuando esté su médico, por ello cada vez que se produce una ausencia prevista o no, el trabajo hay que repartirlo. Y en una situación de desbordamiento del trabajo como el actual, es nefasto. Con motivo de la ausencia de un compañero de pediatría en un Centro de Salud durante más de 3 meses, los compañeros se encuentran con una sobrecarga diaria de más de un 30%. Esta misma semana nos comenta un compañero (al borde de la crisis de ansiedad) que en una tarde había atendió ¡¡¡¡¡26 PACIENTES SIN CITA!!!!! Más los 50 citados. Pero tranquilos, que al día siguiente llamó inmediatamente el responsable de la Gerencia para preguntar qué había pasado. Para que luego digan que no se hace nada.

Si yo fuera Presidente…Creo que al menos intentaría hacer algo por la Atención Primaria madrileña. Siempre alabada, pero al final siempre maltratada. Intentaría que fuese un destino laboral atractivo para los médicos, de forma que recuperemos a los expatriados y a los que se buscaron otras salidas laborales menos penosas:

  • Garantizando horarios laborales que no suenen a castigo, compatibles con la conciliación familiar: Cierre de los centros de salud a las 18-19 horas
  • Con salarios competitivos y sin discriminación entre unos y otros (los pediatras son peor pagados que los médicos de familia, y además hay una diferencia importante entre centros porque no se contempla una mejora retributiva en los centros con mayor presión asistencial y que, por lo tanto, deben tener menos pacientes por médico)
  • Reconociendo el trabajo realizado, reimplantando de forma INMEDIATA el pago de los repartos y de doblajes, el pago de los recién nacidos a los pediatras, el pago de la carrera profesional a todos aquellos que no la cobran. Que de forma inmediata se recompense el exceso de trabajo. Que trabajar más de forma ocasional merezca la pena desde el punto de vista económico (esto es vital mientras no se solucione el problema actual de falta de médicos que tenemos)
  • Garantizando el acceso a formación e investigación. ¿Cómo se hace eso? Pues no impidiéndola, premiando su realización (¡ay, la dichosa carrera profesional!)

Y en cuanto fuese posible, reestructurando las consultas de Atención Primaria y los Centros de Salud de manera que fuesen autoasumibles las ausencias (eso supondría una GRAN disminución del tamaño de los cupos), de manera que el adecuado funcionamiento de los centros no se tuviese que sostener en un subempleo -el de los suplentes-, aún más penoso que el actual trabajo en los centros de salud, y que quedase como algo puntual (para ausencias muy largas como las bajas maternales, por ejemplo).

¿Es tan difícil? ¿o es que no hay voluntad de arreglarlo?

Ana Giménez Vázquez
Médico de Familia. Presidente del sector AMYTS de Atención Primaria
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