CON FIRMA. “Antes que llegue el fin”, por Fernando Camón

2

Hace unos meses me daba por escribir mi visión personal de la vida de un urgenciólogo vocacional. Lanzaba un alegato a mis compañeros para movilizarse y luchar por dignificar un trabajo tan bonito a la vez que tan poco reconocido y tan maltratado. No por el resto de nuestros compañeros de otros servicios hospitalarios, que empatizan y conocen como es la vida ahí abajo, sino por la Administración.

La clase política, y muchos de los que una vez estuvieron en nuestro lado de la actividad asistencial y hoy gestionan con la connivencia de los primeros nuestro quehacer diario, rige el destino de cientos de trabajadores sin que dé la sensación de que puedan imaginar lo que es a diario un turno en la puerta de urgencias de un centro hospitalario en nuestra comunidad.

Nadie que no viva lo que a día de hoy es estar despierto a las 2:00 am, con una lista interminable de pacientes aun por cerrar, que no han dejado de presentarse en el hospital desde que comenzase tu jornada asistencial -unas 16 horas antes-, y con dos turnos de 35 min para comer y cenar, ni debe ni puede gestionar razonablemente el SENTIR de un médico de urgencias. La frialdad de un despacho, en un horario conocido, con descansos garantizados, sin sorpresas vacacionales, y con una agenda propia que, salvo improvistos ocasionales, que los habrá, gestionan según sus objetivos y programas según les convenga, dista muchísimo de la realidad de nuestro colectivo:

  • vacaciones mal cubiertas en las que sólo puedes garantizarte una quincena en los meses de verano centrales, complicadísimas de conciliar con las familiares…
  • atención continuada 24 h al mismo ritmo, y sin saber si la próxima hora va a ser peor que la anterior o no…
  • colapsos diarios en cuanto la hospitalización anda corta de camas, que nos convierten en un fondeadero de pacientes sin destino claro y con decenas de  problemas de última hora para especialistas y servicios diversos, que apañan en nuestro “ilimitado” espacio de almacenaje, hasta que se les pueda dar una salida…
  • y un sinfín de complejos sinsabores y amarguras que solo el amor por esta aún “virtual” especialidad nos hace superar cada día.

Pues no va a poder ser.

Lamentablemente esto va directo a la quiebra.

No hay curriculums… No hay reserva… No hay salida. Han convertido nuestro trabajo en algo tan poco atractivo, tan penoso y tan mal pagado, que nadie considera esta opción ni de lejos como algo a lo que dedicar su vida profesional… Y los que estamos cada vez somos mas viejos, tenemos menos fuerzas y menos ilusión. Muchos compañeros se adhieren a las reducciones de jornada o a las exenciones de noches llegados a los 55 años, y se quiebran en bajas diversas por la sobrecarga que acumulan con el devenir de los años en la urgencia, como única salida para poder sobrevivir otro año más y no largarse a buscar otra cosa más llevadera lejos de ella.

Y no podemos arreglarlo nosotros. Dependemos de la Administración. Y la Administración mira para otro lado:

  • mira números de cirugías de tal y cual nivel,
  • mira desarrollo de unidades punteras con las que vender las bondades de su criatura,
  • mira listas de espera,
  • mira anuncios grandilocuentes donde satisfacer su autocomplacencia en forma de “humanización” de los servicios y hospitales, organizando jornadas a las que solo van ellos…

¿Humanización?

Tener a una abuelita de 90 años 36 h en una camilla con una colchoneta ahuecada por el uso ininterrumpido 24h al día, 365 días al año, en una sala programada inicialmente para 26 pacientes y que en un mal turno puede llegar a los 38, con todos los riesgos para el paciente que eso conlleva, sin posibilidad alguna de cumplir un solo parámetro de cualquier protocolo de seguridad, esperando un ingreso en planta que se indicó a las 4 horas de su llegada al hospital, y atendida por un personal que duplica esfuerzos para poder llegar a todos ellos con el mismo número de trabajadores de plantilla por turno, a veces hasta el doble de enfermos de los que les tocaría… cansados, frustrados, abandonados… pero tirando de profesionalidad y espíritu de servicio… ¿Humanización?????????

Señores y señoras gestores, gerentes, consejeros, viceconsejeros, directores, subdirectores, secretarios y asesores… Se acaba el plazo. No queda mucho para que esto muera por dejadez.

La solución implica inversión. Pero mucha. Inversión para hacer atractiva esta especialidad, dotándola de medios humanos y recursos para que los profesionales puedan desarrollarse y disfrutar de su trabajo, fidelizando plantillas y formándolas. Reconociendo sus condiciones especiales y específicas, lejos de cualquier otro servicio o unidad hospitalaria en cuanto a sobrecarga, agenda o descansos. Ampliando áreas de hospitalización que permitan el flujo de pacientes del servicio de urgencias hacia la planta de forma constante y sin demoras,  y que evite la permanencia injustificada de los mismos en nuestras salas, si se ha indicado su ingreso.

En definitiva, poner la mirada en el paciente y en el profesional, al fin y al cabo,los actores principales de esta tragicomedia… No, señores y señoras gestores,o son ustedes. Somos nosotros. Esta historia va de pacientes y profesionales que los atienden. Esa es la hoja de ruta. Y gestionar que esa relación se produzca en la mejor de las situaciones posibles, tanto en una sala de cirugía mayor ambulatoria (CMA) como en la sala de camas de un servicio de urgencias, es su labor.

Les queda poco tiempo. Úsenlo con cabeza y mimo. Aquí estaremos para poner todo de nuestra parte, como siempre, para que el barco no se hunda.

Fernando Camón Iglesias
Médico de Urgencias, Hospital Universitario Infanta Sofía. Delegado AMYTS de Prevención de Riesgos Laborales.

Compartir:

2 comentarios

Deja una respuesta

¡Usamos cookies propias y de terceros para mejorar tu experiencia en esta web! Si sigues navegando, consientes y aceptas estas cookies en tu ordenador, móvil o tablet. Más información sobre las cookies y cómo cambiar su configuración en tu navegador aquí.

x