CON FIRMA. “2020, un año para recordar”, por Julián Ezquerra

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Decía Jack London que “ser capaz de olvidar es la base de la cordura. Recordar incesantemente conduce a la obsesión y a la locura”. Pero este año merece recordar, aunque lleguemos a la obsesión y la locura.

Recordar las noticias que llegaban de China, un país que nos parecía muy lejano, pese a la globalización y de que ya no quedan fronteras reales, solo las imaginarias. Una ciudad desconocida, Wuhan, saltaba en todas las noticias por la aparición de una nueva enfermedad, una infección viral causada por un coronavirus, el SARS-Cov-2, a la que pasaremos a conocer como Covid-19. Nos resultaba lejana, pero estaba muy cerca.

Recordar qué decía el responsable de Alertas Sanitarias del Ministerio, el Dr. Fernando Simón: que a España llegarían algunos casos aislados. Mientras decía esto, ya estaba por Italia y entrando en vuelos procedentes de Milán, sin ningún control. Un visionario el hombre.

Recordar que han reventado las costuras del sistema; que el mejor Sistema Sanitario del mundo, el mas “eficiente” a costa de las espaldas de los profesionales, reventaba, se veía desbordado, con el SUMMA 112 sobrepasado y con dispositivos cerrados, con los centros de salud colapsados, los hospitales haciendo de cualquier espacio un hueco para meter camas, con las UCIS reales e improvisadas desbordadas…

Recordar aquel fin de semana del 8 de marzo en el que veíamos manifestaciones multitudinarias, que nadie se atrevió a suspender por la carga política que tenían. Justo en el inicio de una pandemia donde las aglomeraciones eran terreno abonado a la trasmisión de la enfermedad.

Recordar el Real Decreto 463/2020, de 14 de marzo, por el que se declara el estado de alarma para la gestión de la situación de crisis sanitaria ocasionada por el Covid-19. Justo se dieron cuenta de la gravedad de la situación la noche del 8 al 9 de marzo. ¡Qué casualidad!

Recordar cómo hicimos frente a esta crisis sanitaria, con escasos medios de protección, centros de salud con importantes carencias de médicos, el SUMMA 112 igualmente con muchos dispositivos sin médicos y con los SUAP cerrados, hospitales en los que la disminución de camas de los últimos años evidenciaba que los “recortes matan”. Unos meses de “medicina de guerra”.

Recordar el trabajo precario, miles de eventuales, interinos, personal no fijo (fruto de la desidia y la mala gestión crónica de los RRHH en esta Consejería de Sanidad), el trabajo sin EPIs -fabricándose cada cual como podía los medios de protección-, la ausencia de “respiradores” e incluso la utilización de algunos de uso veterinario, el voluntarismo y la profesionalidad que hacían un “lavado de cara” a los ineptos gestores y políticos.

Recordar las comparecencias diarias de Fernando Simón en las que explicaba “la curva” (ya tan familiar), la cual no “doblegamos” o cómo iba dando información detallada de una catástrofe sin precedentes.

Recordar a ese famoso comité de experto inexistente, ese comité del que todos hablaban y nadie conocía: los que avalaban la desescalada, quién pasaba de fase y quién no. Ahora tras meses de exigir trasparencia dicen que lo hacen público, a la fuerza todo hay que decirlo.

Recordar las “chapas” de Pedro Sánchez, que confieso no he visto ni una; según aparecía, cambiaba compulsivamente de canal. Tan frecuentes como cansinas.

Recordar ese “hemos vencido al virus”, “saldremos más fuertes” y frases grandilocuentes que se han demostrado totalmente irreales. Ese querer convencernos de que somos los mejores, que nos han sacado de esta situación los grandes padres de la patria, los gobiernos, y eso a pesar de todos los palos que ha puesto la oposición. Lo importante era la política; lo de menos, la grave crisis sanitaria.

Recordar cuántos de nuestros mayores han fallecido solos, sin tratamientos, sin acceso a los hospitales, por culpa siempre del otro, nunca de los que tenían las competencias para la gestión. ¡Cómo han muerto miles de pacientes en soledad, sin contacto con sus familias, sin poder decir un último adiós!

Recordar al presidente diciendo que todos a la calle, a disfrutar, consumir, que era hora de levantar la economía. ¡Qué insensatez! Las consecuencias las vimos en la segunda ola de septiembre.

Recordar el miedo a la vuelta a los colegios, la incertidumbre generada, el cómo hacerlo. Hay que decir que, afortunadamente, esta vuelta ha sido mejor gestionada y de momento un acierto.

Recordar el infausto RDL 29/2020 que nos “militariza” y se salta el modelo de especialidades, haciendo que cualquier licenciado en medicina pueda trabajar dónde y de lo que nuestros gobernantes decidan. Es un decreto que legitima y legaliza el intrusismo.

Recordar algunas de las intervenciones de la presidenta de Madrid, Isabel Diaz Ayuso, que son para enmarcar y no precisamente por su capacidad oratoria, más bien lo contrario. Cómo ha hecho bandera de la oposición al Gobierno, tomando caminos siempre contrarios a los de los demás, marcando un nuevo “hecho diferencial” propio de Madrid.

Recordar la construcción de un “hospital no hospital” que ‘asombraría’ al mundo, porque es decir esto y lo normal es entrarme la risa floja; un hospital tipo nave industrial con camas que su propio presidente de partido comprometió el día de la inauguración con aquella inocente pregunta que decía, “¿y tiene quirófanos?”. Aunque mejor fue la respuesta del director general de Infraestructuras: “No, tiene salas de procedimientos”. Vamos, lo que toda la vida hemos llamado salas de curas.

Recordar cómo en septiembre estábamos en una segunda ola, diferente de la primera, más preparados, pero con las mismas consecuencias: seguían los miles de infectados, los ingresos en hospitales y en UCI, y lo peor, seguían los fallecimientos cada día.

Recordar las 17 formas de afrontar la crisis, cada CCAA hacía lo que le parecía, cada cual a lo suyo. Sin coordinación, sin un mando único, sin una estrategia claramente definida. Diferentes horarios de apertura de comercio y restauración -incluso unos cerraban y otros no-, diferentes formas de hacer test, etc.

Recordar cómo llegamos a diciembre, el mes del gran puente de la Constitución y las Navidades; el miedo que la gente olvidaba para hacer compras, ver la iluminación, pasear por el centro de las ciudades. Mientras, los profesionales veíamos con inquietud escenas que nos daban pánico, veíamos llegar la tercera ola. De nuevo cada CCAA hace lo que le parece oportuno, que si se pueden juntar 6 o 10, que si solo familia o también “allegados”, que si cierro mi comunidad, pero solo un poquito… etc. Más de lo mismo.

Recordar que al fin llegó la ansiada vacuna. Esa primera paciente, Araceli, a la que se le administra y se retrasmite al mundo. Cómo la esperanza y una pequeña luz ilumina un largo y tenebroso túnel. La vacuna es un arma muy importante, posiblemente la única en la que podemos confiar, pero tardaremos meses en ver sus resultados. Ahora hay miedo, resistencias, algunos negacionistas, pero confío en que será el principio del fin de esta pesadilla.

Recordar que todo tiene un fin, también 2020. Este año pasará, terminará, pero se recordará para siempre como el de la gran crisis sanitaria de la Covid-19. Hablaremos de él como lo hacemos de la “gripe española” de 1918.

Recordar que el ministro de Sanidad, el “capitán al mando” de una nave sin rumbo, abandona el barco en plena tercera ola.

Recordar a los cientos de compañeros afectados, a los que han fallecido, el alto precio que hemos pagado. Siempre les recordaremos, siempre estaremos con ellos y sus familias.

Recordar que la tradición manda y que os deseo a todos un feliz año 2021.

Julián Ezquerra Gadea
Médico de familia, CS Las Rozas – El Abajón
Secretario General de AMYTS

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