CLÍNICA Y GESTIÓN. “¿Amenaza u oportunidad?”, por Julián Ezquerra

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Dr. Julián Ezquerra.
Vivimos una época en la que hablar de Gestión Clínica está siendo objeto de controversia, diferentes interpretaciones y, en buena medida, un importante motivo de disputas y división entre los profesionales.
Podemos hablar de Gestión Clínica y tener visiones muy diferentes; pero olvidando y dejando al margen las interpretaciones interesadas, merece la pena que hagamos unas reflexiones sobre el concepto de Gestión Clínica. Lo primero que tenemos que hacer es definirla. Entendemos la Gestión Clínica como una forma diferente de enfocar la gestión de los servicios sanitarios, haciendo al proceso asistencial y al paciente el eje de la asistencia, en el que los profesionales, TODOS los PROFESIONALES, de forma interrelacionada, horizontal, multidisciplinar, aúnan sus respectivos esfuerzos y habilidades para dar respuesta a la necesidad de una persona enferma, o en riesgo de enfermar.
Es una nueva organización asistencial en la que los viejos servicios estancos pasan a ser estructuras matriciales, estructuras complejas con múltiples actores, donde se ejecutan acciones asistenciales encaminadas a dar una respuesta eficiente al paciente. Aquí aparece un concepto importante. La EFICIENCIA. Durante los meses de conflicto en Madrid, hemos acuñado hasta la saciedad esta palabra. Hemos manifestado nuestra oferta de colaboración para lograr el mantenimiento de un sistema sanitario público, universal, de calidad, equitativo, sostenible, y por supuesto eficiente. La corresponsabilidad de los profesionales en el sostenimiento del sistema pasa por el uso racional y eficiente de los recursos.
Dejemos la demagogia a un lado y hablemos de realidades. Los presupuestos no son infinitos, son los que la sociedad está dispuesta a poner sobre la mesa para financiar los servicios que necesitamos. Siempre se dice eso de “que pongan más dinero”, pero a su vez decimos “¡Ojo, sin que me suban los impuestos!”
Sencillamente, esta ecuación no es posible. Por ello es necesario optimizar los recursos y exprimirlos al máximo. Y en ello estamos implicados de lleno los profesionales. Cada acto médico tiene una importante repercusión económica. Desde una receta hasta la indicación de la prueba clínica más compleja y costosa, detrás hay un gasto. Y no podemos olvidar que quien genera este gasto es el médico. Por supuesto esta teoría es también válida para cualquier otro profesional que presta asistencia sanitaria. En mayor o menor medida, todos generan gasto.
Por tanto, Gestión Clínica es un concepto que aúna la labor estrictamente asistencial del profesional y la necesidad de eficiencia en su actuación del sistema sanitario. Y hacer que ambas convivan es una necesidad.
Aquí viene uno de los problemas más importantes a la hora de hablar de Gestión Clínica. Quien entienda que hacer Gestión Clínica es tener todo el control y el poder de decisión sobre el gasto sanitario está equivocado. La tradición por la que algunos entienden el gasto público como posibilidad de negocio personal es un serio problema que habrá que dejar de lado. Quien no entienda que la presión económica de la industria sanitaria, sea farmacéutica, de material sanitario, de tecnología, etc, debe ser erradicada de lo público, mejor que no se dedique a esto.
Un serio problema es que alguien entienda que la Gestión Clínica es una forma de privatizar los servicios sanitarios. No lo vemos así. La exigencia de mantener los servicios públicos con los actuales modelos de contratación, con la diferencia de que estaríamos haciendo una diferente estructura de organización, tal y como defienden las organizaciones del Foro de la Profesión Médica, ayuda a entender esto. Hablar de Gestión Clínica en el Sistema Nacional de Salud es hablar de modelo público, con personal público, con gestión pública y sólo con un modelo organizativo diferente. Un modelo en el que los gestores de procesos asistenciales, los clínicos, se hacen cargo del presupuesto, de su gestión, de su uso racional y, en definitiva, de la sostenibilidad del sistema. Si la Gestión Clínica es otra cosa, no lo compartiríamos.
Este es posiblemente el miedo de muchas personas ante el cambio que se avecina. Un modelo de Gestión Clínica que venga desde la estructura político-gestora levanta suspicacias y rechazo, máxime en un contexto político tan proclive a la privatización como el madrileño. Por eso se intenta poner en marcha el modelo de abajo a arriba. Somos los profesionales que voluntariamente deseen participar los que debemos dar el paso al frente y comenzar a exigir esta descentralización de la gestión y que nos dejen demostrar que somos capaces de hacerlo mejor que los actuales gestores. Desde luego, un cambio que venga desde la idea salida de la cabeza de un gestor de despacho no es lo que deseamos. Los cambios han de surgir desde la base, desde los profesionales, desde la trinchera. Otra cosa sería perder el tiempo y hacer que muera una idea antes de demostrar su valía o su fracaso.
Por último, en esta entrega inicial de lo que puede ser una serie de pensamientos en alto de alguien que cree en la necesidad del cambio, desearíamos decir algo sobre el polémico asunto del liderazgo de las unidades de Gestión Clínica. Hemos vividos estas pasadas semanas polémicas importantes acerca de quién puede o quien no puede liderar una unidad de Gestión Clínica. No queremos entrar en esta discusión desde el punto de vista normativo, legal o de cualificación académica. Las disputas entre organizaciones profesionales que representan los intereses respectivos nos generan cierta desazón. Creemos que cada uno sabe perfectamente cuál es su responsabilidad, cual es su área de conocimiento, qué puede y qué no puede hacer, y por tanto entenderá perfectamente quién debe ser, con carácter general, y no en todos los casos, el responsable de estas unidades. Quien lo quiera entender bien; quien no lo haga, tendrá que explicarlo.
Una idea importante para terminar. Los primeros pasos son complicados, habrá reticencias, miedo al cambio, mucha resistencia y temor a lo desconocido, pero si no avanzamos y nos quedamos como estamos, posiblemente asistiremos a un muerte agónica del mejor sistema sanitario público conocido, del que todos hemos sido copartícipes en su creación y su desarrollo, y del que ahora debemos ser nuevamente corresponsables en el cambio que se nos viene encima.
Julián Ezquerra Gadea,
secretario general de AMYTS
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