CON FIRMA. “Un buen comienzo para una buena causa”, por Miguel Ángel García

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El pasado día 21, unos cuantos miles de médicos mostramos nuestro descontento con la forma en que las distintas Administraciones consideran y reconocen nuestro trabajo, un trabajo que supone cuidar y proteger la vida de otras personas, incluso la muestra cuando somos nosotros mismos los que enfermamos. Un trabajo que está cercano a las necesidades de las personas, que nos cuesta mucho descuidar. Un trabajo de cuya importancia somos conscientes, pero que es muy poco valorado por nuestros políticos, que descuidan su atención y permiten y consienten su deterioro continuo. Un trabajo que hasta los economistas infravaloran, cuando piden a los gobiernos que se reduzcan los gastos públicos en sanidad.

Por eso, a pesar de ser conscientes de la importancia de nuestro trabajo, varios miles de médicos lo dejamos el pasado 21 de marzo para manifestarnos por las calles de Madrid, y para expresar públicamente nuestra oposición al abandono mantenido del que es víctima por parte de los poderes públicos y del conjunto de la sociedad. Un abandono que permite que las urgencias tengan que atenderse con demora y contra reloj, a costa de nuestra propia salud e incluso de la calidad de la atención, en servicios sobrecargados hasta el límite. Un abandono que permite que puedan citarse más de 70 pacientes en una agenda crónicamente sobresaturada de un médico de Atención Primaria desmotivado por no poder realizar adecuadamente su trabajo. Un abandono que obliga a los médicos de urgencia hospitalaria a estirarse en servicios y kilómetros para cubrir las ausencias de otros compañeros.

Y sobre todo esto, el maltrato. La aplicación de un aumento de jornada a través de la expropiación retributiva de 10 horas de guardia cada mes o del esfuerzo necesario para suplir a compañeros ausentes y no sustituidos. El castigo ilegal a tantos compañeros que han visto encadenarse contratos y contratos de duración irrisoria, o más exactamente, dolorosa, que además, y contra la legislación europea, reciben un trato diferenciado, por perjudicial, en derechos y retribuciones. La falta de reconocimiento al esfuerzo docente de tantos compañeros, y a la necesidad discente de residentes (aún sin convenio que proteja y promueva sus derechos y peculiaridades) y estudiantes (que reclaman un estatuto docente que regularice su situación).  El estancamiento y manipulación de negociaciones que deberían aportar una mayor racionalidad al reconocimiento de nuestro ejercicio profesional. Y, junto a todo ello, la resistencia a resarcirnos del serio recorte a que se vieron sometidas nuestras retribuciones al inició de la crisis.

Frente a todo esto, no nos queda más remedio que seguir empujando. Llamar  la atención de una sociedad que consiente. Presionar a unos políticos que, mientras juegan sus juegos de tronos, se olvidan de resolver los problemas que adecuan a la sociedad, o tratan de ocultarlos n manipularlos a su antojo. Reconstruir un ambiente donde recuperar (y aprender) el placer de ser y hacer de médicos. Y convencer a todos (incluyendo a organismos internacionales que parecen ponerlo en duda) de que una Sanidad de calidad es un objetivo fundamental para cualquier sociedad avanzada.

Este es el reto que tenemos por delante, y al que debemos animarnos todos. Un reto grande, admirable, pero un reto que nos necesita a todos. Un reto que colocaría a la Sanidad en el lugar social que merece, y a los profesionales en una situación que  nos permita aportar a la sociedad toda la riqueza y saber que llevamos dentro. Con ilusión y esperanza, que tanta falta hacen.

Me gustaría, por qué no decirlo,  ver a todos los compañeros el día 6, y contar con sus comentarios y aportaciones. Esto es tarea de todos.

Miguel Ángel García Pérez
Médico de familia. Director médico de la Revista Madrileña de Medicina

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