CON FIRMA. “Una experiencia de agresión en primera persona”, por Carolina Pérez

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342 Carolina Perez 3x3 cm

En el Día Nacional contra las Agresiones a Sanitarios, he querido compartir con todos los profesionales de la Medicina y lectores de la revista de AMYTS un trocito de mi experiencia como profesional agredida en la consulta de Atención Primaria.

Quiero empezar por mostrar mi agradecimiento a todos aquellos que estuvieron a mi lado en aquellos momentos, y en todos los momentos durante estos 4 años en los que por fin hemos llegado al final del proceso. Médicos, amigos y familiares que  han querido escucharme, ayudarme, asesorarme y comprenderme, puesto que han sido ellos los que han hecho que esta experiencia se haya convertido en algo enriquecedor, y no solo en una verdadera pesadilla difícil de entender a ojos de cualquiera. Y digo esto porque el respaldo que recibí de quien tenía que estar ahí, que es la Administración, fue lamentable y desastroso, cúmulo de despropósitos que solo me ha llevado a entender que estamos solos, muy solos.

Fui consciente de la escasa información que tenemos la mayoría de los profesionales en cuanto a qué es lo que hay que hacer ante una agresión en nuestro quehacer diario en el ejercicio de la Medicina, empezando por la escasa información de si el médico agredido debe o no seguir con su consulta, o si deben ser los profesionales compañeros quien deben asumirla para que tú, como persona agredida, puedas pasar esa crisis de angustia, miedo y ansiedad a la que te ves sometido en esos momentos sin tener consecuencias graves para con tus pacientes; posteriormente fui consciente de la escasa información que tenemos sobre cómo rellenar en condiciones un parte de lesiones, la escasa importancia que como profesionales damos al parte de lesiones que te rellena tu compañero de la consulta de al lado, porque si la lesión física no es grave, no acudes a ningún centro hospitalario, sino que es tu propio compañero quien te atiende en unos minutos, haciendo un parte de lesiones que es de vital importancia a la hora de hacer una denuncia y que requiere ser hecho con sumo cuidado para que posteriormente no vaya en tu contra.

También he sido consciente de que necesitamos protocolizar el proceso. Y digo esto porque yo, como agredida, en ese momento tuve que acudir a hacer la denuncia a la comisaria sola, a la misma comisaria en la que habían encerrado al agresor y donde habían acudido todos sus familiares, que se encontraban en la sala de espera. No creo que sea ético que la Administración, tu empresa, no vele por tu seguridad en ese momento, como tampoco lo hizo después, cuando tras una baja laboral (menos mal, por accidente de trabajo), tuve que volver a mi consulta en mi centro de salud, y me encuentro con que lo único que han hecho por mí es cambiar a la paciente de médico, teniéndome que avisar mis compañeros cada vez que acudía el agresor (familiar del paciente) al centro para que no saliera de mi cuarto, y evitar el riesgo a tener que encontrármela de nuevo. Porque el agresor si fue cambiado de médico a otro centro de salud, pero su madre no, solo de médico dentro del centro. Qué gran incongruencia. Pero no solo eso, sino que tuve que seguir haciendo avisos a domicilios donde podía encontrarme al agresor en cualquier calle dentro de uno de los barrios más conflictivos de Madrid, sin ser asesorada sobre cómo protegerme, y sin ofertarme en ningún momento la posibilidad de una cambio temporal de centro u otras medidas que protegieran mi integridad, algo a lo que está obligada la empresa por Ley. La solución fue esperar a los traslados para poderme cambiar de centro de salud.

Cuatro años más tarde he conseguido, tras pasar por los abogados de Colegio de Médicos, Comunidad de Madrid y, por fin, la abogada de este sindicato, llegar al día del juicio. Quiero dejar constancia de que en estos cuatro años han sido muchos los días que he tenido miedo, mucho miedo; miedo a tener que enfrentarme al agresor cara a cara en un juicio donde todo ha sido mal gestionado y donde me he sentido en absoluto abandono, hasta que nuestra abogada Ana Fernández tomó las riendas del caso. Gracias a ella pude estar ese día tranquila, sentirme protegida, y salir de allí con la cabeza bien alta, y en paz. Porque conseguí una pena para el agresor, aquel que me agredió no solo verbal, sino físicamente, aquel que estuvo en mis peores pesadillas de muchas noches, aquél que me miraba amenazante el día del juicio junto con los familiares, aquél que solo se merecía ser castigado. Y así fue. Tras 4 largos años de espera.

Pero ahora no debo parar y estar tranquila. No debemos ni podemos parar. Y aunque gracias a muchas personas e instituciones hemos avanzado en la lucha contra las agresiones a profesionales, considero que aún nos queda mucho por avanzar. Que los protocolos hay que cumplirlos, que los centros de salud tienen que tener vigilancia 24 horas, que la comunicación con las fuerzas de seguridad del estado tiene que ser directa. Que seguimos teniendo miedo, miedo a ser agredidos en la consulta. Y que los médicos tienen miedo, miedo a denunciar. Y porque creo lo comprenderán ahora después de leer mi experiencia. Pero no hay que dejarse vencer por el miedo, hay que seguir luchando contra esta lacra y hay que denunciar y hay que exigir a la Administración y al Estado medidas y acciones continuas y que de verdad sirvan de algo. Que lo veamos, que lo sintamos, y que por ello nos lo creamos.

AMYTS continua luchando por todos y cada uno de los médicos agredidos, y continua buscando medidas que nos ayuden a tener un trabajo que no suponga un riesgo para nuestra salud, tanto mental como física. Intentemos avanzar juntos.

Carolina Pérez de la Campa
Médica de familia. Delegada AMYTS de PRL (DAN)

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