ACTUALIDAD. AMYTS en los medios: pedimos planificación para una vacunación eficiente, rápida y segura

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Arranca el ansiado año 2021 con AMYTS igual de presente en los principales medios de comunicación del país. El inicio titubeante de la vacunación en España ha copado el protagonismo mediático donde muchos han recurrido a la opinión de Julián Ezquerra, secretario general de AMYTS, para encontrar contexto y posibles soluciones.

El programa ‘120 Minutos’ de Telemadrid realizó una entrevista a Ezquerra vertebrada en el proceso de vacunación masiva del Covid en la Comunidad de Madrid.

Eldiario.es recoge declaraciones de Julián Ezquerra a raíz de la lentitud con la que se está vacunando en varias comunidades:

“Intuíamos todos que esto pasaría, por cómo se paraliza el país durante las Navidades y cómo caían los festivos. El 27 fue el hacerse la foto y que todos tuvieran su primer vacunado”, resume Julián Ezquerra, secretario general de AMYTS, la Asociación de Médicos y Titulados Superiores de Madrid.Lo «verdaderamente preocupante» será si este ritmo sigue a partir de la semana del 11. Lo piensa igual Julián Ezquerra. El objetivo según él ha de ser «que estos días haya organización real y protocolos claros para empezar justo después de Reyes a vacunar de manera seria. Con el sistema ya a pleno rendimiento».

El cálculo de AMYTS es que, a un ritmo normal, con uno de cada cuatro enfermeras dedicadas a la vacunación, el 35% de la población madrileña podrá estar vacunada en junio, y eso es extrapolable a otras comunidades. La primera parte, de enero a marzo, es la parte relativamente sencilla: hay que vacunar a una población controlada, la de residencias, sin que los ciudadanos tengan que desplazarse. A partir de marzo comenzará la población general y para entonces «no me preocupa tanto la disponibilidad de personal como el diseño de la campaña: que se mezcle la gente en circuitos, que no monten carpas anexas… a eso es a lo que hay que ponerse a nivel autonómico porque no nos consta que exista y es el momento de prepararlo».

Julián Ezquerra, de AMYTS, no ve tan claro abrir los fines de semana los centros de salud para vacunar porque requiere de muchos recursos (administración, celadores), pero sí es viable en esta primera fase en residencias porque el personal médico ya se encuentra ahí.
Ezquerra indica que esto se podría hacer fácilmente con «autoorganización», porque con las vacunas suficientes los propios profesionales están capacitados para vacunar al personal de sus centros. Pero no hay directrices.

Días más tarde, también en eldiario.es , Ezquerra detalló cuál es la estrategia que deberían aplicar las instituciones sanitarias para que el proceso de vacunación de la Covid-19 fuera rápida, eficiente y segura, al mismo tiempo que compatible con la atención de otras patologías.

“Sobre todo porque se tiene que hacer compatible con la actividad normal. Y durante muchos meses, esto no va a ser cosa de un periodo concreto», recuerda Julián Ezquerra, secretario general de AMYTS. «En estos momentos se está pudiendo en residencias, porque ahí hacen falta pocos equipos. Conforme lleguen más dosis y haya que echar mano de Atención Primaria, nos encontraremos a gente muy cargada de trabajo», añade Forcada.

¿Qué hará falta? Coinciden en AMYTS: planificación, organización de los turnos para vacunar en festivos, estrategias bien pensadas como el despliegue de espacios alternativos, como carpas anexas a los centros de salud para que los pacientes no se mezclen.

España tiene mucha experiencia en vacunaciones exitosas: este año se pusieron, en otoño, unas 10 millones de vacunas contra la gripe, entre población de riesgo y sanitarios. Pero nunca una tan ambiciosa, que buscase alcanzar a medio plazo al 100% de la población adulta.

[…] En AMYTS (Asociación de Médicos y Titulados Superiores de Madrid) sí lo ven «razonable» y calculan que distribuyendo bien los esfuerzos para junio podría estar vacunada el 35% de la población.”

Infolibre también se hace eco de la opinión de Julián Ezquerra sobre el asunto de la vacunación:

Voces como la de Julián Ezquerra, secretario general de la Asociación de Médicos y Titulados Superiores de Madrid (Amyts), coincide con López-Acuña en el problema que supuso comenzar la campaña un domingo 27 de diciembre, una idea que califica de «brindis al sol» y de «operación de márketing». «Sabíamos que esto iba a suceder. No estaba organizado nada y el número de vacunas era pequeño. Era lógico que hasta que no pasaran estas fiestas y se retomara la actividad normal no se iba a incrementar el ritmo», dice desde el otro lado del teléfono.

Por eso también apuesta por no tomar esta semana como indicativa de nada. Ezquerra pide un plan, «que todavía no tenemos», para saber «cómo se va a vacunar, dónde y con qué personal», que lo hay si se organiza adecuadamente, sostiene.

El secretario general de AMYTS también ha publicado un artículo de opinión en Redacción Médica sobre el asunto que ha protagonizado la atención de los medios, la vacunación.

En ocasiones la vida te pone pruebas. Hay quienes las superan y quienes se quedan en el camino. Megan Maxwell.

La prueba que ahora hay que superar, por los políticos y gestores, es la de la vacunación masiva de la población, en un tiempo récord y de forma segura. Como ya se ha demostrado, una vez más, los profesionales, los científicos, la denostada “industria farmacéutica”, han recogido el reto de hacer una vacuna en unos plazos de tiempo nunca vistos y lo han hecho.

Es cierto que ha habido ayudas importantes, por ejemplo, en los plazos para hacer ensayos clínicos, financiación importante de los gobiernos, etc., pero lo cierto es que en unos meses tenemos hoy dos vacunas disponibles, sin contar las que tanto Rusia como China también han desarrollado.

Ahora le toca superar la prueba a los gestores. Tenemos que vacunar a millones de ciudadanos y hacerlo en unos pocos meses. Esta crisis sanitaria empezará a ser superada cuando la mayoría de la población quede inmunizada por la vacuna.

Hemos empezado mal en muchos países, incluso en los que siempre hemos considerado como ejemplo de organización, método y orden. Esta pandemia nos ha afectado a todos y apenas hay excepciones. De momento, salvo Israel, ningún país ha puesto velocidad de crucero en la vacunación. Sea por las fiestas de Navidad, sea por no tener organizado el operativo, o sea por cualquier otra causa, la realidad es que el ritmo de vacunación es demasiado lento.

Ministerio de Sanidad ‘florero’

Pero centrémonos en nuestro país, en España. Tenemos un sistema sanitario parcelado en 17+2 Sistemas de Salud. En teoría hay un Ministerio de Sanidad “coordinador”, pero la realidad es que es un Ministerio “florero”, un destino de lujo para un político que quiera ser ministro, pero no tener responsabilidades, una cartera para vivir bien. Eso era lo que le dieron al ministro Salvador Illa, “vente al Ministerio de Sanidad que se trabaja poco”, y al hombre le estalló la Covid-19. Y en plena tercera ola, en pleno inicio de la mayor campaña de vacunación que afrontamos, abandona el barco, se va de candidato de su partido en las elecciones de Cataluña.

Mientras tanto las diferentes CCAA afrontan la vacunación de forma diferente. Las hay que desde el inicio parece que tienen un plan establecido y bien diseñado que permite una vacunación a buen ritmo, que las dosis que recibe son capaces de administrarlas en unos días, incluyendo fines de semana y festivos. Otras apenas han puesto unas pocas dosis para hacerse las fotos de rigor y sacar el rédito político que se pueda.

De nuevo el debate se centra en la eterna polémica de lo público o la colaboración público-privada, en si el ejército ayuda o no, en la ideologización de una necesidad. No seré yo quien entre en este debate y menos en estos momentos. Si creo que la vacunación es un acto de Salud Pública y que como tal deber ser controlado por los Servicios de Salud públicos.

Dicho lo anterior, entremos en el detalle, la organización, el cómo hacerlo, quien, dónde, con que medios, a que ritmo, etc. Esto es ahora lo importante.

¿Está España preparada para superar el reto de la vacunación Covid-19?

Hay que vacunar a millones de ciudadanos, es vital hacerlo cuanto antes, de ello depende que podamos salir de esta grave crisis lo antes posible. Y mi pregunta es sencilla: ¿estamos preparados para superar este reto?

Lamentablemente creo que no lo estamos, de momento. No veo los planes detallados, no veo organización, no se está preparando la infraestructura.

Tenemos recursos humanos suficientes si nos organizamos bien, tenemos unas estructuras físicas adecuadas y se pueden añadir otras muchas.

Tenemos disponibilidad de los profesionales para ayudar, ojo no digo que seamos una ONG, para echar horas de más, para ayudar en lo que se nos pida. Eso sí, de forma consensuada, sin exigencias y ordeno y mando.

Somos profesionales que ya están acostumbrados a largas jornadas de trabajo, a realizar esfuerzos personales con demasiada frecuencia, a paliar la escasez de recursos humanos a base de sacrificio personal.

Hasta ahora las dosis de vacunas disponibles eran escasas. Pero en breve empezarán a llegar muchas más y debemos tener todo preparado para poder administrarlas a buen ritmo. Para ayer debíamos tener preparado el plan de vacunación, todo organizado. ¡Pero qué digo, si esto es España y ayer era fiesta! Y ya sabemos ese clásico que dice “hoy no, mañana”. Pero es que, si no corremos, si no hacemos lo que debemos, no tendremos un mañana.”

La presencia de Raquel Rodríguez Merlo, delegada del SUMMA 112 en AMYTS, en los principales programas de información también ha sido reseñable a lo largo de esta semana. Rodríguez Merlo ha participado en La Sexta Noche y Más Vale Tarde.

Por otro lado, el diario Público se ha hecho eco de algunas de las denuncias presentadas a lo largo de este año contra la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid y el Ministerio de Sanidad, en un artículo dedicado a resumir los ‘desencuentros’ entre el Defensor del Pueblo y el gobierno regional.

“ […] Es el mismo sentimiento que invade a la Asociación de Médicos y Titulados Superiores (AMYTS), que ha visto cómo su querella contra el consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, Enrique García Escudero, y otros altos cargos de su Consejería por la presunta comisión de un delito contra los derechos de los trabajadores ha sido archivada por el Tribunal Superior de Justicia de Madrid.

AMYTS denunciaba la falta de medidas de protección para los sanitarios durante la primera ola de la pandemia en los hospitales madrileños. Pero los magistrados señalan que «no puede afirmarse que se deduzcan indicios suficientes como para entender que la conducta que se imputa a los altos cargos de dicho departamento, alcance entidad estrictamente penal».

Además, declaraciones de Carolina Pérez de la Campa, delegada de AMYTS en Atención Primaria, y de Juan Manuel Parra, delegado de AMYTS en el hospital de Alcorcón.

NIUS: “Los meses en los que Carolina Pérez de la Campa, médico en un centro de salud, se contagió y pasó mes y medio aislada en una pequeña habitación, pensando solamente en ponerse bien para volver al trabajo. El tiempo en el que Juan Manuel Parra, urgenciólogo, no ha tenido respiro y se ha sentido como un hámster girando en una rueda. Todos repiten a NIUS una idea: han vivido una guerra. Éstas son sus vivencias de un año terrible que, dicen, no termina con las campanadas de Nochevieja.

Juan Manuel Parra Médico Urgencias Hospital Fundación Alcorcón (Madrid)

«Resumo 2020 como el infierno abierto en la tierra, una guerra no esperada. La primera ola fue imposible de abarcar, estábamos estresados, angustiados. Nos veíamos limitados, no podíamos ni acompañar en el sufrimiento a los pacientes. Pasó todo de un día para otro: un día teníamos algún caso controlado y en 24 explotó como una bomba en racimo. De repente faltaban manos, faltaba sitio, no dábamos abasto. Pasábamos a tener 300 casos de urgencias de golpe, 300 personas permanentemente en la urgencia, sin cama en planta.
Los sanitarios tenemos estrés post-traumático. La primera ola fue imposible de abarcar, estábamos estresados, angustiados, limitados, no podíamos ni acompañar en el sufrimiento a los pacientes. Ahora lo que sentimos es rabia. El decir: “qué no estamos aprendiendo para estar otra vez de esta manera”. Ahora me siento en guerra de guerrillas, estamos tensos, tenemos pánico a que en esta tercera ola volvamos a marzo.

Tengo claro que me van a quedar muescas internas de lo que ha sucedido. Porque los sanitarios tenemos estrés post-traumático. Y necesitamos un respiro, no nos da tiempo a recuperarnos: salimos de la primera oleada, en Madrid inmediatamente entramos en la segunda, y la tercera ya está aquí con una situación de partida en cuanto a número de camas ocupadas que no es favorable. Nos sentimos como un hámster en una rueda.»

Carolina Pérez de la Campa, Médico de Atención Primaria en Madrid

«Uf… 2020 ha sido bastante terrible para mí, porque yo además pasé la enfermedad, justo al principio del todo. Fue cuando empezaron a advertirnos sobre los pacientes que vinieran de China o de Italia. Lo único que nos decían era que nos pusiéramos la mascarilla si el paciente cumplía requisitos como haber estado en contacto con alguien que hubiera vuelto de viaje de sitios con infecciones, o hubiera estado él mismo allí…

Y yo recuerdo un par de días en concreto, en marzo, que no paré de ver clínica respiratoria. Tengo clarísimo que me contagié en esos días. Estuve ingresada, estaba muy deteriorada: perdía muchísimo peso en pocos días, estaba muy fatigada, tenía una disnea (dificultad de respiración) terrible a pesar de no haber derivado en neumonía. Estuve en el hospital cinco días, y luego cinco semanas aislada. En esa época no se sabía cuánto había que aislarse, que puedes dar positivo en PCR sin ser contagioso… Así que di positivo durante mes y medio y todo ese tiempo estuve aislada.

Me contagié, y al malestar por la enfermedad se me unió el malestar de no poder estar donde tenía que estar, sabiendo que mis compañeros estaban tan mal, que los pacientes estaban tan mal y yo sin poder salir de casa. El aislamiento fue muy duro, por la soledad de estar enferma sin ayuda. Nadie te cuida, había mucho miedo por parte de todo el mundo, nadie se quería acercar. Y luego yo tenía mucha necesidad de ayudar, así que recuerdo pasarme las cinco semanas resolviendo dudas por teléfono de amigos, de familiares, amigos… Al malestar por la enfermedad se me unió el malestar de no poder estar donde tenía que estar, sabiendo que mis compañeros estaban tan mal, que los pacientes estaban tan mal, que la sanidad estaba tan saturada y tú sin poder salir de casa.

Cuando me incorporé volví con mucha fuerza: empiezas a darlo todo, trabajas como una bestia, mantienes la adrenalina arriba y vas tirando. Y he continuado así hasta que me ha dado el bajón en la segunda oleada. A la vuelta de vacaciones me encontré con el horror de volver a tener 90 pacientes en la consulta al día. Ahí empecé a desanimarme, a no poder más, a desmotivarme.

No hemos tenido tiempo para dedicarles a los enfermos, era una guerra, medicina de batalla. Y la medicina de guerra no te reconforta. Y de septiembre a aquí he pegado mucho bajón anímico muy grande. No tengo ganas de nada porque nuestra tarea de cuidar al enfermo y de tener la capacidad de curar nos la han quitado, ya que prácticamente estamos de gestores, de telefonistas, de rastreadores, haciendo mucha tarea burocrática. Nos falta esa labor nuestra tan vocacional de ayudar al enfermo, tenerle cerca, verle en persona, curarle.

Ha sido durísimo. Ha sido muy difícil, yo no me he visto en 20 años en una situación así ni profesional, vocacional, de confianza en la administración… A mí 2020 no me ha servido de nada más que para desilusionarme en mi profesión. No hemos tenido tiempo para dedicarles a los enfermos, era una guerra, medicina de batalla. Y la medicina de guerra no te reconforta.
El paciente leve necesita tiempo para que le calmes, le informes, le cuides, le reconfortes. Y no hemos podido hacerlo, hemos estado desbordados por todas partes, con compañeros de baja, 90 pacientes al día… No hemos podido ni verles.»

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