ACTUALIDAD. 8 de Marzo, Día Internacional de la Mujer: “Mujer que sabe latín, ni tiene marido ni buen fin”, por Pilar Bartolomé (Salud Laboral de CESM)

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Con motivo del Día Internacional de la Mujer, el  domingo 8 de marzo, la secretaria de Salud Laboral de CESM, Pilar Bartolomé, analiza la situación de la mujer en sanidad, donde aún, como en otros sectores, queda mucho por hacer en la igualdad. Por su interés, reproducimos íntegra esta tribuna publicada en DIARIO MÉDICO:

Las mujeres tenemos que recorrer un tortuoso camino para llegar a nuestra meta de igualdad. Aunque nos negaron, entre otros, el acceso a la Universidad, eso no impidió que desde la antigüedad muchas mujeres destacaran por su inteligencia. Pero amparados, entre otras cosas, en este y otros refranes, nos cerraban las puertas al conocimiento. En nuestros días, la incorporación de la mujer a todas las esferas de la vida ha generado nuevas batallas para enmendar la invisibilidad a la que hemos estado sometidas durante años. El incremento de mujeres en el ejercicio de la profesión médica es una realidad: el 75 por ciento de las nuevas incorporaciones. Sin embargo, coincido con muchos investigadores en que esta aparente igualdad ha dado lugar a nuevas desigualdades, una segregación tanto horizontal como vertical de la ocupación laboral. Se tienden a disminuir las discriminaciones directas, mientras se consolidan las indirectas (techo de cristal, discriminación salarial, acoso sexual…).

En la asistencia primaria ya hay más mujeres que hombres, y en la medicina especializada superan el 40 por ciento. Pero este aumento no está acompañado de un crecimiento proporcional de las profesionales en puestos de gestión y dirección en los hospitales. Existe una escasa representación, y no es un fenómeno exclusivo del sector sanitario, en los altos cargos profesionales, académicos y sindicales, así como en las especialidades de mayor autoridad, algunas feudos masculinos.

Uno de los factores que explica las diferencias de género en el acceso a lospuestos de responsabilidad es el rol que se le adjudica a la mujer dentro de la familia. Se repite bastante la hipótesis de la incompatibilidad entre la vida familiar y el éxito propio. Hay que estudiar y analizar con cuidado una variable importante que está relacionada con las exigencias y con las dinámicas dentro de las instituciones sanitarias y, en particular, de los hospitales, para entender ciertos organigramas en la profesión sanitaria.

Los sistemas de selección, sobre todo aquéllos donde no se elige por mérito sino por la confianza, las redes sociales y/o los lobbies, las mujeres tienen menos recursos, ya que tienden a participar menos que ellos. Que el hombre en una organización detente el poder se considera algo normal, pero que una mujer posea un cargo de autoridad no está previsto socialmente y genera desconfianza y duda. Ese techo de cristal está constituido por acciones formales e informales que excluyen a las mujeres de los cargos de poder. Se debería cambiar generando políticas para provocar roturas en ese techo.

Cambio de criterio

El éxito, competencia, capacidad de tomar decisiones o liderazgo están asociados a la figura masculina y aquéllos que se encargan de seleccionar, o tienen poder sobre la selección del personal, tienden a hacerlo entre candidatos que son similares a ellos. Se puede deducir que, más que evaluar los indicadores de éxito de las mujeres, según los parámetros estandarizados por un discurso masculino, lo que hay que cambiar es el criterio de lo que se considera exitoso en la carrera profesional.

El acoso moral y sexual es otra forma de discriminación que sufren las mujeres dentro de la profesión sanitaria. Los hombres y las mujeres se enfrentan a riesgos sanitarios diferentes. La investigación médica y las estadísticas e indicadores de seguridad y sanidad se centran principalmente en los hombres y en los sectores predominantemente masculinos.

En cuanto a la calidad de los puestos de trabajo y el carácter permanente o temporal del contrato de trabajo, en los grupos de edad hasta los 40 años las mujeres presentan porcentajes de temporalidad superiores a los de los hombres, excepto entre menores de 25 años. Las mujeres han de esperar hasta los 45 años para equipararse en porcentaje a los hombres en los contratos indefinidos. Además, la jornada parcial es mayor entre mujeres y, por contra, más del 25 por ciento de hombres cuentan con un segundo empleo.

El modelo de gestión clínica/empresarial que se ha impuesto sobre los hospitales trae ofertas de formación en materia de gestión y administración de los recursos sanitarios bastantes nuevas. Las mujeres han sido socializadas profesionalmente en un perfil más asistencial y el grueso del personal médico que actualmente accede a cargos de gestión ha sido elegido por criterios que se han denuncian como masculinizados. Las instituciones hospitalarias no están organizadas con criterios democráticos, ni tienen como función la distribución del poder de manera equitativa. Consecuentemente se constituyen en sí mismas como foco de discriminación y desigualdad.

Es necesario activar un compromiso, especialmente de las instituciones sanitarias, para lograr el objetivo de respetar y promocionar las relaciones humanas y profesionales basadas en la igualdad y el respeto hacia la mujer y a todos sus derechos. La realización de un diagnóstico de la situación de los profesionales hará aflorar las posiciones de desigualdad, permitirá aplicar modelos de gestión flexibles, principalmente en cuanto a horarios y lugares de trabajo, y desarrollar una política de recursos humanos basada no sólo en el salario sino en condiciones que supongan una mejora de la calidad de vida personal y familiar. Un solo Plan de Igualdad en Sanidad, un documento operativo, vivo, siempre vigente, proporcionaría una gestión más ágil, eficaz y transparente, del mismo modo que los planes estratégicos, de inversiones, etc. El desarrollo de una guía para la implantación de planes de igualdad en los centros sanitarios del SNS, común, consensuada y refrendada por el Consejo Interterritorial, evitaría a su vez la discriminación y desigualdades entre las 17 comunidades.

La presencia de mujeres en la toma de decisiones de naturaleza económica puede contribuir a la innovación y la productividad del trabajo, concretamente en lo que se refiere a la flexibilidad laboral y a la transparencia en los procedimientos de promoción. Su escasa representación en la sociedad civil, en la vida política, en el alto funcionarizado de la administración pública o en cargos de gestión de la profesión sanitaria constituye un déficit democrático. Es hora de condenar el refrán misógino, “mujer que sabe latín, ni tiene marido ni tiene buen fin”.

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