CON FIRMA. “Acabar con las precariedades”, por Miguel Ángel García

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La lucha contra la precariedad laboral se está convirtiendo en un punto de encuentro masivo de los profesionales. Tristemente, en primer lugar, porque existe, y amarga la vida de muchos compañeros. Y más tristemente aún porque hay quien la mantiene, contra la legalidad y la moralidad vigentes en una sociedad decente, como creo que es, e intenta ser, la nuestra.

La conciencia de la situación de precariedad es muy profunda en AMYTS, que ha estado denunciando continuamente la situación de irregularidad que supone que un elevado porcentaje de médicos con contrato temporal en el SERMAS haya estado sufriendo contratos “eventuales-continuamente-sucesivos” en un encadenamiento de períodos de la duración más variada. Se ha estado manteniendo la necesaria continuidad de la asistencia sanitaria a la población madrileña mediante la absurda discontinuidad de los períodos de contratación renovables de 1, 3, 6… meses. Esto no supone más que una completa falta de respeto a los profesionales, como ya he defendido en estas mismas páginas reflejando la postura y la vivencia de quienes formamos esta organización. Por desgracia, no le tembló la mano en encaminarse en esta dirección a quien gestiona nuestro Servicio Madrileño de Salud, y en un momento decisivo, en el que se estuvo a punto de cesar a unos cientos de médicos que se encontraban en esta situación, AMYTS apostó por la continuidad de los profesionales amenazados aún a costa de un cambalache con la jornada laboral que, al final, la Administración no entendió como puntual, sino como un elemento más en su nefasta gestión humana de los recursos humanos. Muchos palos nos cayeron por esta opción, pero en el fondo fue la tabla de salvación para evitar in extremis el despido de muchos compañeros.

Este aspecto inhumano de la precariedad laboral es nuevamente sacado a la palestra por un grupo de profesionales que han decidido poner voz también a esta campaña profesional. Y esto no puede ser sino bienvenido, dado que las organizaciones, sin los profesionales, no vamos a ningún sitio. Se afronta el problema, en este documento, también desde una perspectiva socioestructural, atribuyendo la precariedad al deseo de desmantelar el sistema sanitario público desde una concepción individual-asocial que, desde luego, parece extendida en muchos ámbitos de nuestra sociedad. Pero lo cierto es que, independientemente de si eso es así o no lo es, la precariedad por sí misma es un mal de esa misma sociedad que tanto valora la asistencia sanitaria universal y pública. El documento está accesible en la red, así como abierto a adhesiones personales e institucionales.

Pero las precariedades (porque no hay una, sino diferentes, e incluso múltiples, una por cada persona afectada) no acaban aquí, en los contratos eventuales, o en el resto de contratos basura que los administradores sanitarios tienen a bien en promover (con una creatividad que no tiene nada que envidiar a quienes diseñaron refinados instrumentos de tortura que luego hemos relacionado, icónicamente, con la Inquisición, pero que con toda seguridad tendrían amplio uso en otras instancias). Por desgracia, la precariedad que afrontan también los jóvenes médicos que terminan su especialidad ha de ser motivo de preocupación, porque su talento no puede ponerse en juego y deteriorarse ni su esfuerzo echado en saco roto, o llevado a otras latitudes por la desesperación de encontrar aquí cauce para su desarrollo. Aquí sí que habrá que ser creativos, y ni la crisis ni la reducción del crecimiento pueden ser recibidas con un encogimiento de hombros y una aceptación pasiva de la situación. Habrá que pensar, habrá que hablar, habrá que escuchar y habrá que dialogar (concepto mucho más profundo y exigente que el del mero hablar) para encontrar salidas creativas a estos problemas, que, desde luego, son los más importantes en el mundo “de lo laboral”. Porque si hay algo peor que unas malas condiciones de trabajo (siempre y cuando no sean esclavizantes u opresoras, que de todo hay en nuestro entorno, incluyendo el SERMAS y algunos de sus servicios-reinos de taifas) es no tener trabajo ni horizonte de tenerlo.

Ante todo esto  no podemos quedarnos parados, no. Por mucho que en estos días se esté des-eventualizando a un porcentaje de nuestros castigados compañeros eventuales; medida bienvenida, pero no suficiente, y aún queda mucho por andar en esa dirección.

Miguel Ángel García Pérez
Médico de familia. Director médico de la Revista Madrileña de Medicina
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