CON FIRMA. «Se nos desangra el paciente», por Ángela Hernández

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“Hace 40 años los Beatles hicieron una pregunta muy sencilla al mundo. Querían saber de dónde procedía tanta gente sola. Mi última teoría es que gran parte procede de los hospitales, más concretamente de la unidad de cirugía. Los cirujanos ignoramos nuestras necesidades para atender las de nuestros pacientes, ignoramos a nuestros amigos y a nuestras familias para poder salvar a los amigos y a las familias de los demás. Al final, lo único que nos queda somos nosotros mismos y nada en este mundo puede hacerte sentir más solo…”

Owner of a lonely heart. Anatomía de Grey 2×11.

Cada vez pienso más en la cirugía y la actuación en el campo quirúrgico en estos días. Sin tener que llegar a extremos como los de la cita, los cirujanos tenemos una enorme ventaja en ese espacio especial que es el quirófano, es un lugar en el que no caben sondeos de encuestas electorales o preocupaciones por la proyección política. El quirófano es un lugar en el que un equipo quirúrgico actúa enfocado a la existencia de un problema concreto en un paciente concreto, con un plan para resolverlo y unas actuaciones dirigidas a dicha resolución, afrontando las posibles complicaciones o dificultades que se presenten. Si se produce un sangrado, sangra, no es debatible, y hay que taponar y pensar cómo solucionarlo, no hay otra; y además hay que hacerlo en equipo y el resultado dependerá de toda una estructura complejísima esté engrasada y a punto para poder resolverlo con final feliz para la persona intervenida. La alternativa es que el paciente se desangre en la mesa de quirófano y es inadmisible.

Está claro que la gestión política y sanitaria de situaciones inesperadas es mucho más compleja. Llevamos unos meses en los que era más necesaria que nunca una auténtica vocación de servicio público por parte de nuestros gobernantes en el manejo de las crisis, tanto la pandemia, como en los últimos días los efectos de la tempestad Filomena. Hablo de gobernantes, no de políticos, porque parece que muchos han olvidado un principio fundamental, al gobierno se accede tras unas elecciones a través de diferentes partidos políticos, pero cuando se gobierna se gobierna para todos y buscando el mayor beneficio para los gobernados. Y esa percepción del gobierno para todos hace tiempo que no soy capaz de percibirla escuchando sus declaraciones y comportamientos. Mayoritariamente veo cálculo electoralista y ansia de poder, tanto en las acciones como en las inacciones (que pueden ser aún peor en casos como los que nos ocupan esos meses) de los que nos gobiernan, como en las críticas por parte de muchos en la oposición.

Volvamos al quirófano. Hay intervenciones, la mayoría por suerte para las arterias coronarias de todos, que implican un bajo grado de posibilidad de complicaciones. Pero los bloques quirúrgicos están o deben estar preparados para reaccionar a imprevistos. De poco le serviría a un paciente que se somete a una de ellas, que si por desgracia se produce una situación de urgencia que requiriera una transfusión por una hemorragia mayor de la esperada, no se pudiera hacer frente a dicha complicación por ausencia de reservas de sangre. Qué les parecería que tuviéramos que salir los cirujanos a informar a la familia diciéndoles que como se trataba de una situación poco

frecuente, que lo sentimos mucho pero aunque hemos hecho todo lo posible no hemos podido solucionarla porque no teníamos prevista reserva de sangre porque casi nunca se produce dicha complicación. Esta situación conduciría sin duda y además con toda la justificación a una demanda por parte de dicha familia, al cirujano y al equipo que se puso a operar en dichas condiciones, al centro sanitario que lo permitió y finalmente a quien suele asumir la indemnización al SERMAS o a la empresa que dirige dicho centro sanitario. Por este motivo, cuando no hay suficientes reservas de sangre por el motivo que sea, y hemos tenido un ejemplo con el propio temporal, se hacen llamamientos a la donación por parte de la población y si no se pueden asegurar como ha pasado por el descenso brusco tras las navidades sumado al temporal en la comunidad de Madrid, si es necesario suspender actividad quirúrgica programada porque no se dispone de dichas reservas, se suspende, por muy doloroso que sea con las listas de espera, ya que hay que asegurar unas condiciones garantistas.

Sin embargo en las actuaciones de los diferentes gobiernos durante la pandemia y en las actuaciones recientes ante el temporal Filomena, llevamos escuchando dichas excusas de mal pagador durante meses y parece que nadie tiene que asumir responsabilidades. Escuchamos cosas como “hicimos todo lo que pudimos”, o “los recursos se irán implementando conforme sean necesarios”. Pero estas muletillas no pueden o no deberían servir para tapar deficiencias de gestión. No deberían bastar los “se trata de una situación de guerra” o los “no había nevado así en décadas”. Los planes de contingencia tenían que haber estado preparados, y donde no se llegue por los motivos que sean, hay que tomar medidas extraordinarias, no fingir que todo va bien.

¿A qué me refiero? En concreto en el caso del temporal en Madrid, a la ceguera de las autoridades sanitarias al respecto de la actividad no urgente en sanidad. Una cosa es ser servicio esencial, y otra que si han fallado los mecanismos de despeje de las calles, bien porque no han sido suficientes o porque la nevada sobrepasa lo esperado (y temo que han sucedido las dos cosas), no es (o no debería ser) tan complejo decidir que se abrirán un número de dispositivos limitados que aseguren la asistencia urgente (la de un fin de semana o un festivo) volcando los recursos logísticos y de personal en dichos puntos y no lo que se ha hecho. El viernes cuando se veía que la situación se desbordaba se obligó a los centros de salud a mantener el horario hasta las nueve, ocasionando tremendas dificultades a los profesionales para regresar a sus domicilios, e incluso que en varios casos no lo pudieran hacer hasta 72 horas después. Tras un fin de semana en el que desde las autoridades municipales y de la comunidad se llamaba a la población a no salir de casa por la gravedad de la situación, no se emitió una instrucción clara encaminada a ajustar la asistencia a lo urgente, dejando que fuera la propia realidad, que se suele mostrar más tozuda que nuestros deseos, la que por resbalones y bajas hiciera que se fuera adaptando la actividad a lo que se podía hacer. Actuando sobre la marcha en lugar de con previsión.

Cuando hablamos de la pandemia por el coronavirus sucede lo mismo. Hay incontables declaraciones del Consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, Enrique Ruiz Escudero, diciendo que los medios se irán dotando conforme sean necesarios, le sirve igual para hablar de rastreadores en junio, que de personal sanitario en septiembre o en enero, sin llegar a implementar suficientes ni de unos ni de otros. Los rastreadores hubieran sido necesarios para una estrategia erradicadora del virus. Si la estrategia es “convivir” con el virus, el refuerzo de personal sanitario era necesario para hace meses. De las declaraciones del portavoz de la pandemia a nivel central, Fernando Simón, y del ministro de sanidad saliente, Salvador Illa, qué se puede decir, siguen el

mismo camino (recordemos sobre la falta de material de protección “hemos hecho todo lo posible y más”), y la descoordinación sigue siendo la norma como acabamos de ver en el último interterritorial. La realidad en la Comunidad de Madrid y en muchas otras comunidades es que de nuevo llega la necesidad de suspender actividad programada, y si se tiene que hacer se hará, pero…

¿Quién asume las responsabilidades por no haber previsto tras ocho meses de pandemia todo esto?

¿La gestión de la pandemia se va a reducir a actuar de forma continua en la excepcionalidad?

Creo que hay muchas responsabilidades que asumir, y que ya hay que exigirlas. Sin llegar a los extremos de la cita con la que empezaba este con firma, si que me gustaría que los políticos actuaran ignorando sus intereses partidistas y de poder y más pensando en la esencia de su razón de ser, el bien común. Sobre todo me gustaría que empiecen a actuar con previsión y a diseñar estrategias coordinadas y conjuntas para poder ver la luz ante todo esto, con el menor sufrimiento posible y teniendo en cuenta sus repercusiones en su conjunto. Porque al menos el sistema sanitario y en concreto sus profesionales están sufriendo un desgaste que no solo no merecen, sino que acarreará secuelas y consecuencias para ellos y para el conjunto de la sociedad. Y esto solo se puede hacer desde una auténtica vocación de servicio público que no es lo que se percibe en la declaraciones de unos y otros, ni a nivel autonómico en la Comunidad de Madrid, ni a nivel del gobierno de España.

Y es una pena, porque el “paciente que se desangra” en la “mesa de quirófano” en este caso, son la sanidad y la sociedad española en su conjunto.

Ángela Hernández Puente
Cirujana general, Hospital Universitario del Sureste (Arganda)
Vicesecretaria general de AMYTS

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