CON FIRMA. “Un soplo de esperanza”, por Luisanna Sambrano

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Hace cinco años que terminé la especialidad del MIR y vi la oportunidad de crecer y hacer cosas nuevas en los hospitales de gestión indirecta del Grupo QuironSalud. Empecé, como muchos de mis compañeros, con todo el esfuerzo y la emoción de buscar hacer las cosas mejor de como las aprendimos, y como un niño que empieza a descubrir, sintiéndome arropada por una gran familia.

A través de los años, esta sensación ha ido cambiando, porque aunque ejerzo mi profesión con el mayor de los gustos, pocas veces veo el esfuerzo de mi trabajo y mi sacrificio recompensado, e incluso muchas veces quizás he llegado a sentir injusticia. Me he sentido sobrecargada de actividad y con necesidad de hacer un parón para replantearme si lo estaba haciendo bien. Esto me llevó a que me sindicara, porque no quiero huir del sitio donde trabajo y en el cual he formado parte de su crecimiento, sino que quiero hacerlo un lugar mejor.

Empecé con mi labor en el comité de empresa teniendo expectativas y miedo como todos: miedo a ser señalada y que esto me perjudicara a nivel personal porque a partir de este momento eres la “sindicalista”. Y muchos tenemos la cultura errada de que, si eres médico, hay que hacerlo todo por vocación. Pero esa vocación no nos quita el derecho de disfrutar de tiempo personal, de pedir ganar un sueldo digno y tener derecho a que también seamos cuidados.

La labor no ha sido fácil, porque tras un año apenas vemos granitos de arena del esfuerzo de horas y días y pequeños logros que hacen que busquemos más. Y por eso ha sido una alegría para nosotros que la empresa diera un paso favorable hacia el prorrateo de guardias de embarazo y vacaciones a partir del segundo semestre de 2018. Conseguir esto es un paso hacia la igualdad de un derecho dado en la pública y, más importante aún, que la mujer embarazada no tenga una situación discriminatoria por la pérdida de poder adquisitivo sólo por estar gestando. Un derecho que no me benefició a mí, que ya estuve embarazada y no hago guardias, sino que beneficia a mis compañeros y es a este principio de justicia e igualdad al que queríamos llegar. Es también un reconocimiento al esfuerzo de cada uno de los trabajadores de gestión indirecta; haciendo un guiñode que les importamos, que valoran nuestro trabajo y no quieren que nos vayamos.

Esto no va hacer que nos quedemos quietos, esto es el soplo de aire que necesitábamos yo y cada uno de mis compañeros de AMYTS para saber que vamos por el camino correcto, y que los médicos ya tenemos quién manifieste sus necesidades y deseos.

Y es que trabajar en hospital de gestión indirecta es una situación difícil; es tener un corazón dividido, es trabajar igual o más que en un público, ganar menos que un privado y tener las condiciones paupérrimas del contrato de los privados. Es no saber realmente con quién identificarte.

Tener representación médica en el comité de empresa ha hecho que por lo menos nuestra voz sea escuchada y nos sintamos menos solos, en esta lucha de médicos por y para médicos.

Luisanna Sambrano Valeriano
Especialista en Medicina Física y Rehabilitación. Delegada AMYTS, Hospital Universitario Rey Juan Carlos

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