SL Tuberculosis laboral

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Volumen 2, Nº 15. Julio 2014.

Salud laboral.

EN LA TUBERCULOSIS DE ORIGEN LABORAL, LA SOLIDARIDAD PUEDE EMPEZAR POR UNO MISMO

Victoria Velasco Sánchez
Médico de familia. Responsable de Salud Laboral de AMYTS

La Tuberculosis es una Enfermedad de Declaración Obligatoria, siendo además una Enfermedad Profesional1 en aquellos trabajadores que contraen la enfermedad a causa de su trabajo.

Autores como MJ Rodríguez Bayarri et al2,  del Departamento de Medicina del Trabajo  ASEPEYO-Clínica Angli (Barcelona) cuantifican la importancia del riesgo laboral  exponiendo que la mayoría de las personas que trabajan desde los 16 a los 65 años lo hacen en equipo y en pocas ocasiones de forma aislada, compartiendo un promedio de 7 h diarias, 35 h semanales, 140 h mensuales, 1.540 h anuales y unas 75.460 h de vida útil laboral. Si además tenemos en cuenta que la transmisión de esta enfermedad es predominantemente aérea, comprenderemos que el trabajo puede ser el marco causal de posibles contactos y contagios tuberculosos.

En el caso específico de los trabajadores sanitarios, los centros de trabajo convierten al trabajador en “especialmente sensible” por la exposición en la atención a pacientes potencialmente tuberculosos, sobre todo en el lapso de tiempo que transcurre hasta que se hace el primer diagnóstico, se instaura el tratamiento y se adoptan las medidas preventivas adecuadas. El riesgo varía considerablemente según el centro sanitario, la prevalencia de la tuberculosis en la comunidad, los diferentes grupos de trabajadores sanitarios de riesgo, las diferentes áreas sanitarias de trabajo y las medidas de control que se lleven a cabo en ellas.

En España hay pocos datos publicados sobre tuberculosis en personal sanitario. Destaca el estudio realizado por el Servicio Médico de Empresa de la Diputación de Cáceres3 en el que se recoge que, en el estudio de contacto profesional de 129 trabajadores, 84 mujeres y 45 hombres, con una edad media de 43,26 años y un período medio de trabajo en el ambiente sanitario de 14, 9 años, encontraron que 39 trabajadores (el 30,2%) tenían un Mantoux positivo (infección tuberculosa), siendo la edad media de los infectados de 50,12 años y su promedio de tiempo de trabajo de 19,9 años. La quimioprofilaxis sólo fue aceptada por 4 trabajadores, un 10,25% de los que presentan un Mantoux positivo.

Estos datos, y el hecho de que en España en el año 2010 se notificaron de forma individualizada 7.162 casos de tuberculosis (tasa de incidencia de 15,54 casos por 100.000 habitantes), en descenso lento desde el año 2007 pero por encima de la incidencia europea, son los que hacen más necesario conocer que los profesionales debemos implicarnos en “comunicar” los posibles contactos durante la actividad laboral y, los servicios de Prevención de Riesgos Laborales, ejecutar los protocolos establecidos para el diagnóstico y seguimiento de casos y contactos.

Entidades como la Asociación Nacional de Medicina del Trabajo4 en el Sector Sanitario, han editado guías específicas sobre “Prevención y control de la tuberculosis en trabajadores en el ámbito sanitario” y también el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, recoge en la Guía de Práctica Clínica sobre el diagnóstico, control y tratamiento de la infección tuberculosa, recomendaciones específicas para el control nosocomial de esta patología.

Dada la importancia del control de la transmisión, hay 3 actores claramente implicados: los trabajadores, la empresa y el Servicio de Prevención de Riesgos Laborales (SPRL).

La comunicación de posibles casos por los trabajadores expuestos, es clave para evitar el contagio y desarrollo de infecciones nosocomiales. En este sentido la FORMACIÓN E INFORMACIÓN para iniciar precozmente la cadena de medidas preventivas y evitar su transmisión, son fundamentales para evitar los posibles retrasos diagnósticos que pudieran dar lugar a un incremento de exposición.

Concretamente, hay que incidir en el conocimiento de los siguientes aspectos por parte de los profesionales:

  1. Las medidas preventivas a adoptar  en caso de sospecha y/o confirmación de enfermedad tuberculosa (medidas de aislamiento, uso de EPIs, etc). Esto minimizará el número de trabajadores expuestos, así como el número de exposiciones y el tiempo de contacto.
  2. Se  evitará siempre que sea posible intervenciones quirúrgicas o cualquier maniobra invasiva en enfermos tuberculosos. Si esto no fuera posible se utilizarán medidas de protección individual.
  3. Deben conocer la diferencia entre infección latente y enfermedad tuberculosa, ya que lo primero no supone riesgo de contagio a terceros.
  4. También las medidas preventivas tras exposición  accidental a tuberculosis y la importancia de participar en los estudios de contactos que determine el Servicio de Prevención de Riesgos Laborales (SPRL).
  5. Además, los síntomas clínicos sugerentes de enfermedad tuberculosa y que deben consultar al SPRL, el cual determinará las actuaciones a seguir.
  6. Cuando sean candidatos  a efectuar  un  Tratamiento de Infección Latente Tuberculosa (TILT),  conocerán adecuadamente las indicaciones, los efectos y duración  del tratamiento, y si deciden iniciarlo  serán responsables del mismo hasta su finalización. Tanto si aceptan como si rechazan el TILT firmarán el consentimiento informado.

En cuanto a la “evaluación del riesgo profesional”, es la empresa la que, a través de los Servicios de Prevención, identifica los factores relacionados con el tipo de trabajo de los sanitarios, y pauta las medidas de control necesarias, así como los protocolos de actuación ante la detección de casos de sospecha.

El riesgo profesional es muy variable  en función de los distintos procedimientos de trabajo y de las  áreas en las que éstos se llevan a efecto. Entre los procedimientos de mayor riesgo, tenemos:

  • Terapias de inhalación, generadoras de aerosoles.
  • Técnicas de inducción de esputos y de inducción de tos.
  • Aspiración nasogástrica. Intubación endotraqueal.
  • Broncoscopias. Endoscopias.
  • Exploraciones otorrinolaringológicas  y maxilofacial.
  • Drenaje y cura de abscesos tuberculosos.
  • Procesamiento de muestras de mycobacterias.
  • Autopsias y embalsamado.

Las áreas de trabajo con mayor riesgo de exposición, están relacionadas con los procedimientos de mayor riesgo y pueden considerarse las siguientes:

  • Urgencias y emergencias.
  • Unidades de hospitalización y consulta. Especialmente Medicina Interna y Neumología.
  • Unidades de cuidados intensivos.
  • Salas de terapias de aerosoles.
  • Sala de broncoscopias e inducción al esputo.
  • Unidad de trasplantes.
  • Unidades de diálisis.
  • Quirófanos: cirugía torácica, ORL y maxilofacial.
  • Laboratorio de mycobacterias.
  • Salas de anatomía patológica. Salas de autopsia y embalsamado.

Es responsabilidad de la empresa, desarrollar las medidas de control de tuberculosis en el ámbito sanitario en tres aspectos:

  1. Medidas administrativas: elaborando protocolos de actuación y fomentando prácticas de trabajo eficaces para el manejo de pacientes sospechosos de caso, así como dando formación a los trabajadores.
  2. Medidas ambientales de aislamiento y ventilación: están protocolizadas y claramente definidas. En síntesis, diremos que la empresa determinará el número de habitaciones de aislamiento necesarias en función del riesgo del hospital, cumpliendo las características de uso individual, luz natural y sistema de ventilación con presión negativa, flujo de aire correctamente dirigido en el interior de la habitación y evacuación del 100% del aire hacia el exterior.
  3. Protección respiratoria: porque las medidas anteriores disminuyen pero no eliminan el riesgo de exposición, y deben utilizarse protectores respiratorios, mascarillas, que son consideradas Equipos de Protección Individual  (EPI). La mascarilla quirúrgica evita la transmisión de agentes infecciosos por parte de la persona que la lleva pero no protege de la inhalación de contaminantes ambientales. Para garantizar dicha protección deben utilizarse mascarillas de protección respiratoria con una eficacia de filtrado de FFP2 oFFP3, y cuyas indicaciones se recogen en el Cuadro 1.
Cuadro 1. Indicaciones de Protección Respiratoria

Mascarillas FFP2

Mascarillas FFP3

Entrada en habitaciones de aislamiento

Manejo de orina en enfermos con TB renal

Traslado en ambulancias de pacientes con sospecha de TB

Asistencia en urgencias.

Drenaje de abscesos tuberculosos

Asistencia en consultas de alto riesgo con sospecha de TB

Laboratorios donde se procesen muestras de mycobacterias

Aerosolterapia

Inducción de esputo y tos.

Broncoscopias

Aspiración traqueal

Intubación endotraqueal

Autopsias

Embalsamar

Los trabajadores deben conocer la importancia de la eficacia del filtrado y del ajuste facial como medida de protección. Las personas que tienen barba, utilizan gafas o presentan alguna característica facial que impide un buen ajuste, no están protegidos adecuadamente. Cada trabajador debe tener su propio respirador, no intercambiándolo con ninguna otra persona. A nivel sanitario, la mascarilla puede utilizarse varios turnos (hasta tres turnos por persona) siempre que presenten un buen ajuste facial, la válvula no esté obstruida o el equipo no esté contaminado con sangre o fluidos corporales.

Finalmente, nos gustaría poner en evidencia que, según la guía ANMTAS de Prevención y control de la tuberculosis en profesionales del Sector Sanitario en su página 22, existen “restricciones laborales en los trabajadores con enfermedad tuberculosa” y cita:

  • Debe excluirse de su puesto de trabajo al personal sanitario y no sanitario con enfermedad pulmonar o laríngea con baciloscopia o cultivo positivo.
  • Los trabajadores con TB en otras localizaciones y con baciloscopia y cultivo negativos, no es necesario apartarlos de su puesto de trabajo.

Por tanto, en cuanto a las consecuencias laborales se refiere, debemos ser conscientes de que es el Servicio de Prevención el que inicia el procedimiento al recibir la comunicación de un caso de TB confirmado o sospechoso, ejecuta los procesos clínicos necesarios para averiguar si puede haber un contagio como enfermedad profesional y delimita los tratamientos oportunos.

En caso de que pueda delimitarse que el contagio es hospitalario, se considera una enfermedad profesional y el procedimiento, laboralmente, también está claro.

Sin embargo, hay una circunstancia que se da en algunas enfermedades por “riesgo biológico”, en las que no se puede delimitar el contagio en un centro sanitario, y que al profesional se le recomienda una incapacidad transitoria por riesgo a terceros por parte del SPRL, considerándose la contingencia como enfermedad común. En AMYTS entendemos que esto debe subsanarse, ya que “si hay restricciones laborales” por riesgo a terceros, la incapacidad transitoria debiera considerarse como “accidente de trabajo” y no tener penalización económica para los profesionales porque, efectivamente, “la solidaridad bien entendida, puede empezar por uno mismo”, en estos casos.

 

 Referencias

  1. Real Decreto 1299/2006, de 10 de noviembre, por el que se aprueba el cuadro de enfermedades profesionales en el sistema de la Seguridad Social y se establecen criterios para su notificación y registro. Boletín Oficial del Estado, no 302, (19-12-2006).
  2. Tuberculosis pulmonar como enfermedad profesional. MJ Rodríguez Bayarri et al. Arch Bronconeumol. 2004; 40:463-72. Vol. 40 Núm.10.
  3. Riesgo profesional de tuberculosis en trabajadores sanitarios. Revisión ilustrada. Mateos Rodríguez J et al. S.E.S.L.A.P. – 2000 – Vol. 1 – Nº 1.
  4. PREVENCIÓN Y CONTROL DE LA TUBERCULOSIS EN TRABAJADORES DEL ÁMBITO SANITARIO. Asociación Nacional de Medicina en el Ámbito Sanitario. Monografía. Julio 2009.

 

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