CON FIRMA. “Seriedad, creatividad y convicción democrática, tanto en la política como en la gestión hospitalaria”, por Miguel Ángel García

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185 Miguel Angel Garcia 3x3 cm

Vivimos tiempos complejos, tanto en la política como en la sanidad, y para afrontar tiempos complejos hay que tirar de seriedad, flexibilidad y creatividad, y demostrar las convicciones democráticas que se precisan para sustentar un sistema realmente democrático.. Sin embargo, estamos comprobando que, desgraciadamente, ninguna de estas virtudes caracteriza al “ruedo” público.

Empecemos por lo más llamativo en estos momentos: la situación de crisis política en la que nos encontramos, pendientes tras unas segundas elecciones de constituir un gobierno relativamente estable. Se han oído todo tipo de comentarios, procedentes de nuestros próceres políticos, para justificar el inmovilismo en que se encuentran: que lo que el pueblo español quiere es una política de continuidad que nos saque de la crisis, que lo que quiere es que esa política la presida Mariano Rajoy (como si ahora hubiéramos decidido que las elecciones en España no son legislativas, sino presidenciales), que lo que los españoles han pedido con su voto es que cambie radicalmente la política y se constituya un gobierno de izquierdas… Me parece triste, muy triste, que personas de una gran relevancia política y social hagan lecturas tan parciales de la realidad: no porque obvien la realidad, o la pretendan manipular, sino porque en todos los casos dejan a una parte de los españoles fuera de su perspectiva (y, parece ser, de su interés como representantes políticos).

Lo que han querido los españoles es algo muy complejo: una política que tenga en cuenta todas las perspectivas, que no sea tan partidista, que busque el interés general desde diferentes ángulos… Quieren que nuestros políticos dejen de jugar al “pañuelo”, a un tira y afloja cuya única misión es dejar claro quién vence a quién, y no quiénes colaboran en gestionar España hacia un futuro más justo y de mayor desarrollo humano y social alentando la participación de todos. Y, por supuesto, respetando la ley y construyendo una sociedad de la que nos podamos sentir orgullosos.

Pero para eso hace falta una creatividad y una altura que miras que se echa en falta por todos los lados. También no nos engañemos, en la propia sociedad, que a veces vive también la política en clave de confrontación, y no de complementariedad.

Un ejemplo muy claro, bajando un escalón en la representación política, lo tenemos en la gestión sanitaria madrileña. Se ha pedido desde distintos lados, también desde AMYTS, una profesionalización de los órganos de gestión sanitaria que dote a ésta de mayor consistencia y la libere de una excesiva presión política partidista. Aunque ha costado, la Consejería ha echado a andar, y ha elaborado un proyecto de ley para regular esa profesionalización. Es bochornoso que, simultáneamente, siga cambiando cargos al viejo sistema digital, pero al menos el paso está dándose, y vamos a ver si se consolida. Pero es que el contenido del texto propuesto aporta poco de creatividad o de conciencia participativa. Veamos tan sólo un par de ejemplos.

El punto de partida del texto, que recoge en su artículo 2 la definición de centro sanitario, contiene una visión muy rígida de la estructura sanitaria, a la que se concibe como “el conjunto organizado de medios técnicos e instalaciones en el que profesionales capacitados, por su titulación oficial o habilitación profesional, realizan, básicamente, actividades sanitarias con el fin de mejorar la salud de las personas”. Muy lejos de la concepción que, por ejemplo, se tiene en países como Holanda, donde el hospital es entendido como una “empresa integrada de especialistas médicos”, en la que, desde el principio, está en el centro la competencia profesional, y no la estructura arquitectónica y técnica. No es de extrañar que los hospitales holandeses (en los que está prohibida, por cierto, la participación privada con ánimo de lucro) muestren una estructura más horizontal y flexible, y en nuestro medio se siga pensando en diseñar escalas de mando verticales.

Y, para acentuar la visión vertical y no integradora y de coordinación, se crean como figura de control las Juntas de Gobierno, cuyos miembros serán nombrados por el Consejero. Es lo normal, que el nombramiento lo dé la autoridad sanitaria. Pero las propuestas deberían venir en parte de la propia estructura (sea DG del SERMAS, Consejería directamente…) y en parte de los miembros que participan en la vida del hospital (municipios sí, pero también profesionales, ciudadanos y pacientes), como se puede ver, por ejemplo, en la regulación de los Consejos de Gobierno de los Foundation Trusts del NHS británico. De nuevo, nos quedamos muy lejos de lo que una auténtica participación significa, aunque se abra la posibilidad de avanzar en la despolitizción y la transparencia del nombramiento de los cargos sanitarios.

Mucho camino por andar, como se ve. Pero no debemos quedarnos mirando pasivamente a ver cómo lo resuelven “ellos”. Habrá que empujar un poco, cada uno desde su lugar. Porque una sociedad abierta, democrática y participativa es posible si nos tomamos la tarea de hacerla viable día a día. Con seriedad y creatividad, desde luego.

Miguel Ángel García Pérez
Médico de familia, máster en Bioética y Derecho. Director  médico de la Revista Madrileña de Medicina.
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