SALUD LABORAL. Eufemismos cómplices de los violentos. De “las situaciones conflictivas con los ciudadanos” a “las agresiones”

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“Dejé de escuchar, solo me quedé  con sus últimas   palabras. ¿Qué quería decir amores bonitos?  ¿Los había feos?

Ana María Matute.

Tal y como sospecha la protagonista de la historia de Ana María Matute, el amor no debe llevar aparejado ningún adjetivo. Se ama o no se ama. Parafraseando a Lourdes Bravo, cualquier adjetivo (amor tóxico, amor incomprendido, amor dañino…) suele llevar la violencia implícita detrás del eufemismo. Cuántas mujeres han pagado con su vida no darse cuenta de ello, cuantos violentos se escudan y se camuflan bajo esos términos y cuánto daño hacen los que acuñan y usan esos eufemismos, cómplices lingüísticos de esos violentos. Protocolo ante situaciones conflictivas con los ciudadanos.

En los últimos 5 años se han producido más de 2000 agresiones a médicos, un 82% de ellas han desembocado en lesiones y hemos sufrido incluso homicidios. Situaciones conflictivas las llaman.

Es socialmente sabido que el número de agresiones a médicos va alarmantemente en aumento, y estas cualitativamente son más graves. ¿Qué se hace al respecto? Nuestros dirigentes sanitarios quieren aparentar que se preocupan por ello, que se hace algo. Un protocolo.

Para empezar, si se preocupan por el tema, que no usen eufemismos. Porque decir una cosa por otra, para eludirla o suavizarla, disimularla u ocultarla, con intencionalidad, les hace cómplices de esa violencia. Porque, como sabemos, el lenguaje construye la realidad, y mientras no nombremos las cosas por su nombre estaremos negando su existencia, y, en consecuencia, su solución. Son eufemismos que diluyen o amortiguan la repulsa que merecen esos violentos, y que ponen en el mismo plano a agresores y víctimas. Por muchas vueltas de tuerca que demos al lenguaje, la realidad social que sufrimos los médicos a diario solo demuestra la falta de implicación de nuestros gestores.

Y al igual que hace años, la violencia sexista se enterraba bajo los términos de “asuntos conyugales”, “conflictos o litigios familiares” … y no se denunciaban ni se investigaban, hoy nuestros gestores, alguno posiblemente añorando épocas pasadas, prefieren no enterarse u ocultar la violencia de la que somos víctimas haciendo protocolos de este tipo.

Esos gestores, que lejos de la corriente social imperante y lógica de tolerancia cero con la violencia en cualquier ámbito, en vez de poner en el punto de mira a los agresores y dejar claro que no van a tolerar ni un solo acto de violencia contra sus médicos, justifica esas agresiones en el protocolo, cuando busca causas a esa violencia (masificación de consultas, barrera idiomática, burn out del profesional…). Como si la violencia se pudiera justificar. Es como si en la violencia sexista se explicara la causa de una paliza en que la víctima no estuviera guapa ese día o el guiso que hizo en casa no fuese sabroso. El violento nunca puede usar la violencia ante nadie. Y punto. No puedes dar cobertura a los intolerantes como se hace en ese escrito. No se debe culpabilizar a la víctima.

Y, además, en este protocolo se dan ciertas recomendaciones cuando se está produciendo la agresión (que no situación conflictiva), que, si no fuese por la gravedad del tema, casi son de risa. Mantener asertividad, adecuada distancia de seguridad, emprender la huida…De nuevo, parece que si te agreden es porque no has sabido ser asertivo, tratar con el usuario de forma adecuada. La víctima vuelve a tener la culpa, ella debe demostrar si estuvo a la altura en una situación que nunca debió vivir.

Si quieren un humilde consejo, ese protocolo debe llevar apenas 3 paginas. Una introducción en la que se deje claro que se apoya sin lugar a dudas la corriente de tolerancia cero con la violencia. Que nunca se va a tolerar que los agresores amedrenten, insulten o dañen a los médicos. Que nada justifica esas acciones y que se actuará drásticamente contra el que las efectúe o promueva. Otro apartado en el que se enumeren las graves consecuencias que tendrán esos actos (¿derivación del usuario a otro centro con seguridad privada?, multa?), y que aquí la Administración sanitaria se ha inhibido siempre, no como ocurre en otros ámbitos (deportivo, sexista, xenófobo…). En nuestro caso las medidas coercitivas contra los violentos siempre han sido y son nulas. Y un final donde en vez de innumerables actos burocráticos, se indiquen el paso único y simple que debe dar el profesional cuando es víctima de una agresión, ya sea verbal o física. Así de simple.

Ya se sabe lo prolijos que son nuestros políticos en usar eufemismos para endulzar la realidad: Daños colaterales (en muertes civiles en ataques militares), operación militar “limpia” (cuando se intentan bajas no deseadas no siempre conseguidas), crecimiento negativo (para decrecimiento), etc. Añadamos una más: Situaciones conflictivas con los ciudadanos. No, señores. Es violencia contra médicos. Así de simple. Sólo eso. Llámenlo por su nombre.

Angel Luis Rodriguez Domingo.

Médico de Familia. Delegado de prevención de la Dirección Asistencial Centro

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