PROFESIÓN. Regulación profesional médica en Europa: ¿desde la sanción o desde la promoción?

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248 Dra Bawa-Garba 3x3 cm

El tema de la regulación médica se encuentra estas semanas en el candelero, en un momento en que también hay movimiento en España en torno a ese tema. Algunos casos han desatado múltiples dudas sobre la idoneidad de los procesos de regulación, que en ocasiones han llegado a utilizar información confidencial procedente de la reflexión sobre eventos adversos para sancionar al profesional.

Así parece que ha ocurrido, por ejemplo, en el caso de la Dra. Bawa-Garba, al que ya nos hemos referido en estas páginas. En el caso de esta “residente” senior de Pediatría del Reino Unido, el organismo regulador (General Medical Council) procedió a suspender de por vida su inscripción en el registro a raíz del fallecimiento de un niño que estaba a su cargo, a pesar de haber quedado demostrado que en dicho fallecimiento, además de la gravedad del propio proceso clínico, incluyeron importantes déficits organizativos que en ningún caso parece haberse tenido en cuenta. La sanción ha generado tal revuelo entre los médicos británicos que el propio “ministro” de Sanidad, Jeremy Hunt, ha mostrado su preocupación por las consecuencias que todo esto pueda tener, y ha ordenado una revisión de los procedimientos de negligencia y regulación profesional.

El caso Bawa-Garba ha generado preocupación también fuera de las fronteras británicas, pero además hay otros focos de tensión. Los médicos y enfermeras daneses han desarrollado una prolongada y dura campaña contra el organismo regulador de su país (la Autoridad de Seguridad del Paciente), tras la suspensión temporal de un médico en relación con otro fallecimiento, del que, al final, los tribunales de justicia le han exonerado de responsabilidad. Tras recoger más de 9.000 firmas y entregarlas a las autoridades, han logrado que la ministra de Sanidad, Ellen Trane Nørby, se comprometa a desarrollar ocho líneas de trabajo en el proceso de regulación, entre las que destacan el desarrollo de un nuevo cauce de apelación profesional que incremente la protección del profesional frente a las decisiones del organismo regulador, ante las que se encuentra prácticamente desprotegido, y el énfasis en la orientación de mejora y aprendizaje a partir de los errores, más allá de la mera imposición de sanciones, tomando también en consideración posibles déficits organizativos que hayan podido influir en la situación adversa. La Asociación Médica Danesa se encuentra a la expectativa de la forma de aplicar, en la práctica, estas líneas de trabajo.

Parece, pues, oportuno reflexionar en torno a la orientación que deben tener los procesos de regulación y control de la profesión médica, antes de dar a luz un sistema que nazca viciado de negativismo. El sistema sanitario español ya impone bastanta carga sobre sus profesionales, con una crónica saturación de servicios que alcanza dimensiones críticas en los “picos” de actividad. Los recortes de los últimos años han echado sobre los profesionales una doble carga, tanto en lo que deriva de la reducción de recursos asistenciales como en la que se significa en la reducción pura y dura de ingresos en nómina. La Carrera Profesional, que se planteó como un proceso de motivación una vez que un período excepcional la hiciera accesible para numerosos profesionales que no la habían podido disfrutar con anteriordad, acabó siendo bloqueada y está, en estos momentos, tratando de ser reanimada en una sala de cuidados mínimos que no promete una salida motivadora.

Hay que tener cuidado, por tanto, con lo que puede suponer el proceso de promoción del desarrollo profesional que impone la legislación europea, que en ningún caso exige la implantación de procedimientos de control. Esto sería una lectura raquítica y tergiversada, como puede verse claramente si leemos el texto de la Directiva de Cualificaciones Profesionales, que en su reforma de 2013 modifica el artículo 22b y lo deja de la siguiente manera:

Los Estados miembros velarán, de conformidad con los procedimientos propios de cada Estado miembro y mediante el fomento del desarrollo profesional continuo, por que los profesionales cuya cualificación profesional esté sujeta al capítulo III del presente título puedan actualizar sus conocimientos, capacidades y competencias con el fin de preservar el ejercicio seguro y eficaz de su profesión y mantenerse al día de la evolución de la profesión

Fomentemos, pues, el desarrollo profesional de una  manera creativa y propositiva, estimulemos la formación y el crecimiento en competencia, desarrollemos un sistema de acreditación de actividades de formación y desarrollo profesional adecuado, y no nos quedemos en la vieja costumbre de examinar algo que no hayamos previamente estimulado. Sería volver a viejas concepciones de la formación que casi casi nos colocarían en una época pasada, almacenada en documentales en blanco y negro en viejos almacenes de filmoteca, cuando aquéllo ya tan superado de “la letra, con sangre entra”.

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