PROFESIÓN. ¿Otra vez pensando que faltan médicos en España?

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En las últimas semanas ha vuelto a saltar los medios políticos y de comunicación un viejo fantasma, el de los recursos humanos en Sanidad, y de nuevo expuesto de la misma vieja forma, como si pudiera tener una solución fácil y rápida que no surge de un análisis de la compleja realidad, sino de la necesidad de dar respuestas rápidas que, después, no tienen mayor alcance que el de un mal remiendo y no solucionan nada, sino que empeoran la situación.

Hace 11 años, la Fundación CESM publicaba el informe “Demografía médica en España. Mirando al futuro” con una declaración de intenciones muy clara ya desde el mismo título: no se puede opinar sobre recursos humanos, sobre demografía profesional médica, si no es desde el medio y largo plazo, desde el descubrimiento de tendencias. Lo contrario, como ya se reflejaba en dicho informe, sería exponer la evolución de los recursos humanos al efecto vaivén, con idas y venidas continuas. El informe, además, denunciaba un posible déficit de médicos para un horizonte temporal que, curiosamente, coincide con el actual (hoy es el futuro que se miraba en aquel momento), y lo hacía en un momento en que parecía que el número de médicos era excesivo, pero en continuidad con lo que ya habían anunciado algunos estudios previos:

  • González B. El mercado laboral sanitario y sus consecuencias en la formación. Numerus clausus. En VVAA, La formación de los profesionales de la salud. Escenarios y factores determinantes. [2ª edición]. Bilbao: Fundación BBVA; 1998.
  • Pedraza V. Recursos humanos del sistema de salud: una reforma pendiente. Med Clin (Barc). 2001; 116:779-81.

Foto portadaA pesar de ello, como podía en aquél momento la sensación de que sobraban médicos, desde muchas instancias (de la Administración, profesionales, etc) se negaba credibilidad a la denuncia… hasta que comenzaron a sentirse algunos déficits puntuales y específicos en algunas regiones de España que hicieron levantar la alarma. Y, lo mismo que hoy, pasamos de la sensación de exceso de médicos a la de déficit grave y a comenzar a tomar el tipo de medidas absurdas que se toman cuando se actúa desde la sensación y desde el análisis superficial (o la falta de análisis, que es lo mismo): contrataciones de médicos extracomunitarios, casi invitados a venir con titulaciones aún no homologadas en algunas ocasiones, apertura de la formación MIR a todo médico mundial que así lo quisiera, modificación del proceso de reconocimiento de títulos extracomunitarios que, poco después de publicarse, dejó de ser necesaria… Poco después, una vez que se impuso el análisis cabal, todas estas medidas fueron siendo revertidas. Se completó enseguida, al parecer, el “gravísimo” déficit de médicos y, una vez pasada la turbulencia, se comenzaron a tomar las medidas que realmente han mantenido la estabilidad en cuanto a la oferta de médicos: incremento progresivo del numerus clausus hasta los 7.000 propuestos en aquel informe y en documentos posteriores esponsorizados por el propio Ministerio de Sanidad, equilibrio con el número de plazas MIR… Bien es cierto que la evolución posterior no ha sido la adecuada, dado que se corrigieron las previsiones a la baja al comenzar la crisis económica, y, sin embargo, al haber permitido la creación de tanta nueva facultad de Medicina, no ha sido posible reducir adecuadamente la entrada de nuevos estudiantes al grado, con lo cual comienza a producirse un nuevo desequilibrio con las plazas MIR, que sí han comenzado su reducción.

En realidad, lo que las medidas tomadas han conseguido es que, en este momento y durante la próxima década, la oferta y la demanda de profesionales estén más o menos equilibradas. Podemos ver reflejado ese equilibrio, aunque sea incluso bajo titulares alarmistas, en las declaraciones del propio presidente de la OMC, que estima en unos 62.000 el número de médicos que podrían jubilarse en los próximos diez años; en ese tiempo podrían terminar su formación unos 65.000 médicos, lo que muestra, por tanto, una situación de equilibrio. Hay que tener en cuenta, además, que el numerus clausus tiene un fuerte fundamento ético, que ha sido reconocido incluso legalmente en la exposición de motivos del protocolo elaborado para garantizar la confidencialidad de la información en el ámbito de la docencia médica:

El carácter expansivo de las instituciones educativas y sanitarias acreditadas para la docencia, ha determinado que en los últimos años se haya producido un incremento sustancial del número de alumnos y residentes relacionados con las Ciencias de la Salud que se forman o realizan prácticas en las instituciones sanitarias y que en consecuencia pueden tener contacto con el paciente y acceso relativamente fácil a los datos de salud que se incorporan a un medio muy afectado por las evolución tecnológica y la globalización

Formar el número adecuado de profesionales es, por tanto, un compromiso ético con la intimidad del paciente y la confidencialidad de la información clínica y, por tanto, también con la calidad de la asistencia sanitaria. Y eso parece haberse conseguido en el momento actual, salvo el desequilibrio comentado en torno a la formación MIR. ¿Qué está sucediendo, entonces?

Pues que de nuevo hay sensaciones de déficit, y se hace de ello un drama a resolver. No hay suplentes para contratos precarios de verano, no hay candidatos para hospitales situados lejos de los focos de concentración profesional (grandes urbes con hospitales universitarios), y no se incentiva ni la cobertura de estos casos límite (los únicos que tienen problema) ni la satisfacción y el compromiso de los profesionales, que acaban marchándose y buscando otros horizontes a su desarrollo profesional. Si este es el problema, ¿la pregunta ha de ser si faltan médicos, o si lo que ocurre más bien es que ni se les cuida ni se les valora, ni siquiera se intenta, y que en ningún momento ha sido preocupación de la Administración fomentar una distribución geográfica adecuada de médicos, a pesar de tener pistas para poder hacerlo?

Hay otros ámbitos donde la respuesta está clara. Estamos analizando, en estas semanas, un documento del entorno del National Health Service, el sistema nacional de salud británico, dedicado a la retención de profesionales. Ellos, que sí tienen un déficit real de médicos, provocado por lustros de déficit formativo y de excesiva dependencia de médicos provenientes de las ex-colonias británicas primero y del resto de países de la Unión Europea después, de la que ahora se marchan, saben que la respuesta es compleja y no van a optar sólo por el incremento de la formación, sino también por exprimir los cauces que le permitan una mayor retención de profesionales. ¿Qué se hace, por el contrario aquí?

Pues nada, recurrir a lo fácil. Modificar la ley para poder, de nuevo, salir a contratar a médicos en el extranjero para ofrecerles las peores plazas y con peores condiciones (lo que al final repercutiría en la precarización global del ejercicio de la Medicina) y facilitarlo comenzando con el alarmismo mediático. Sólo de esta manera pueden entenderse palabras como las del Director General madrileño de coordinación de la Asistencia Sanitaria, César Pascual, que se atreve a afirmar, a pesar de todo lo dicho, que “en un plazo de 10 años no vamos a tener suficientes médicos para cubrir las necesidades del sistema sanitario”, y que por ello habrá que ver “qué nos inventamos”.

No hay nada que inventar. Basta con leer, o con rodearse de asesores que lean, los documentos que existen al respecto. No hay, ni se le espera, déficit de médicos en los próximos diez años, salvo que se siga optando por descuidar, maltratar y desmotivar a los profesionales. Se pueden mejorar incluso las cosas emprendiendo seriamente medidas que faciliten la retención y recuperación de profesionales (basta con saber un poco de inglés para leerlo, entre otros sitios, aquí) y promuevan una mejor distribución de médicos en España desde una doble vertiente: la correcta adecuación de las plazas de formación a las necesidades del país (y no la concentración de plazas de formación allí donde los intereses económicos o políticos lo precisen) y la aplicación de incentivos destinados a dotar de profesionales las plazas de difícil cobertura (como ya hacen otros países, como Francia o los EEUU, por ejemplo).

No hay nada que inventar. Cuidar a los profesionales, promover una mejor distribución de los mismos y definir e incentivar las plazas de difícil cobertura son mecanismos que existen y a los que, en España, no se les presta atención. Mejor dedicarse a esto que inventar o, lo que aún es peor, improvisar. Lo pagaremos en un futuro más o menos inmediato.

Miguel Ángel García
Médico de familia. Doctor en Medicina. Director médico de la Revista Madrileña de Medicina

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