CON FIRMA. “Notas a pie de máster”, por Ángela Hernández

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Estoy realizando un master de gestión sanitaria; como digo yo a menudo, es para “conocer el lenguaje con el que tenemos que lidiar a diario”. Y querría compartir varias cosas.

En el master hay un capítulo práctico de uno de los módulos que se titula “Revisando casos de variabilidad injustificada en la práctica médica… con lecciones útiles para la gestión”. Es un tema interesante. Pero en estos tiempo en los que es tan fácil “pisar el callo” del profesional de al lado, hay algo que me ha llamado poderosamente la atención: hablan de la “variabilidad en la práctica médica”, incluso ponen siglas (VPM)… ¡Un momento! Reviso el foro de la asignatura y no veo entradas protestando al respecto. ¿Protestando de qué? Repitamos: “variabilidad de la práctica médica”… ¿No habría que decir, para ser políticamente correctos en los tiempos que corren, “variabilidad de la práctica sanitaria”? No, no ha habido protestas de enfermeras, gerentes, abogados o economistas al respecto.

¿Será quizás que al final el núcleo real del manejo de los pacientes lo desempeña el médico? A lo mejor va a ser que es verdad. Y si es así para equivocarnos (la variabilidad de la práctica médica no es una vertiente positiva precisamente, sino algo a detectar y subsanar en aras de la igualdad y la equidad), ¿no debería serlo también para los méritos (curaciones, o retribuciones por ejemplo)?

Ya, ya sé que el lector puede pensar “ya está barriendo hacia casa, ¡cómo se le nota que pertenece a un sindicato profesional de titulados sanitarios superiores, en su mayoría médicos!” Puede ser. Pero pensemos en el día a día desde que iniciamos la residencia, hasta cada uno de los días y noches de guardia en los que ejercemos nuestra profesión. Cuando hay un problema, el que sea, con un paciente, ¿a quién se acude? Cuando el juez dirime responsabilidades, ¿a quién llama? ¿Al gestor? Pocas veces, aunque al final sean los responsables de muchas de las formas de actividad clínica que llevamos a cabo… Efectivamente, al médico responsable.

Por eso mismo, cuando oigo cosas como que somos profesionales “muy inteligentes, pero asilvestrados y pecadores” pienso: ¡qué fácil es opinar desde la barrera!

Si tú no tienes que mantener el tipo cuando te llaman para hacerte cargo de un corneado en un encierro nocturno (curiosa expresión cultural lo de correr, en muchos casos hasta las trancas de sustancias como el etanol, delante de unas pobres vacas asustadas) en la puerta de urgencias, a pesar de haber explicado en diversas ocasiones a tu jefe, a tus directivos y a tu gerente que el hospital no está preparado para nada más que una contención de daños, y que si hay una lesión vascular… con suerte el cirujano de un hospital de primer nivel podrá contenerlo, y el paciente será derivado a un hospital de nivel superior con cirujano vascular y prótesis vasculares situado a solo 15 km… Y que si no se puede contener, ya decidirá el juez sobre si la actuación del médico se ha ajustado a la lex artis o no…

Y si protestas al respecto, eres molesto porque lo que tienes que pensar es que casi seguro que no va a pasar. ¡¿Cómo?!

¿A dónde quiero llegar? Creo en el trabajo multidisciplinar, creo en los equipos, pero empiezo (y lo que me queda) a estar un poco cansada de que en concreto a los médicos se nos presente, si no como el enemigo, si como al elemento inmovilista cuya resistencia hay que vencer. No es así. Hasta que los médicos no podamos ir de la mano con los gestores y la administración, además de con los pacientes a los que en general y salvo casos extremos de quemazón o burnout nunca hemos abandonado, poco podremos avanzar o transitaremos caminos equivocados.

Si se empeñan en continuar sin nosotros, probablemente tendremos que volver hacia atrás a retomar el camino antes de que se torciera, pero después del gerencialismo, de la gestión clínica nunca implantada, de la integración de niveles defendida por unos y denostada por otros… ¿Cómo pretenden imponer el “buen gobierno” a la espalda de los principales y reales gestores de la sanidad, es decir, de los médicos? Pueden seguir así y empezar a pensar en el siguiente tema de moda, porque también fracasará, incluso aunque se cuente con los pacientes y con los ”expertos designados por la sociedad”.

Ángela Hernández Puente
Especialista en Cirugía General y del AD, Hospital del Sureste. Presidenta del sector AMYTS de Atención Hospitalaria

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