HAY RAZONES. Eduardo Olano

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256 #HayRazones- Eduardo Olano 3x3 cm

Veinticinco pacientes, con una media de tres motivos de consulta: seis jóvenes con problemas agudos banales, a los que hemos podido realizar actividades preventivas y de promoción de la salud que pueden marcar su vida (menos mal que, al ser las consultas de quince minutos, hemos podido abordarlos, pues vienen muy poco por el centro), pues dos de ellos son fumadores (uno combina tabaco y cannabis) y otro realiza un consumo excesivo de alcohol en fines de semana; una mujer embarazada que “no se fía” de lo que le han dicho en el hospital (es lógico que venga, le ayudé a elegir cuándo, le expliqué cómo, la cuido desde niña); tres depresiones reactivas a problemas socio-laborales a las que hemos escuchado, animado y ajustado el tratamiento, además de dado consejos para mejorar su salud; siete mayores polimedicados con problemas crónicos en múltiples combinaciones sin repetición (HTA y DM; DM , dislipemia y FA; ICC, EPOC e HTA; CI, dislipemia y DM…). Pobrecillos, tienen tantos fármacos que hemos tenido que repasarlos uno a uno, ajustar sus recetas electrónicas (menos mal que el sistema, diseñado con la ayuda de clínicos, está enfocado en el paciente, y no en el registro de datos para control del gasto) y darles sus tratamientos por escrito en unas hojas que están diseñadas para que un analfabeto las entienda, que si no…; un hombro doloroso que además está con síntomas alérgicos y dispepsia; un anciano de 86 años con “mareo”; un dolor precordial agudo en un paciente originario de Ucrania que apenas habla castellano (pobrecillo, estaba sudoroso y mal perfundido, hemos tenido que bajarlo a la sala de urgencias entre varios y, tras estabilizarlo, esperar a que llegara la UVI -menos mal que vienen enseguida y están frescos y lozanos desde que tienen turnos razonables y hay personal suficiente-) . Esto nos ha retrasado, pero nos esperaban arriba una paciente a la que estamos ayudando a dejar de fumar (¡ya lleva un mes!), dos pacientes diagnosticadas de polimialgia a las que ven en la unidad del dolor cada seis meses, y Meli, la peluquera, que se ha traído a sus padres del pueblo (menos mal que ya casi no hay burocracia)

La residente ha alucinado cuando hemos repasado y atendido a sus dudas, pues dice que tiene la sensación de que nuestro trabajo aporta mucho a la sociedad. Está encantada. Y eso que el suplente de mi compañero de al lado (menos mal que hay suplentes, desde que recuperamos un sueldo digno y hacen los contratos como es debido, los médicos jóvenes ya no se van al extranjero a trabajar) nos ha preguntado varias dudas, pues es la primera vez que trabaja en nuestro centro de salud. Luego hemos revisado los registros del proyecto de investigación FIS en el que participamos, solucionado el correo y los informes del hospital, coordinado las visitas con la enfermera, revisado el nuevo protocolo de dolor crónico no oncológico e ido a visitar a nuestro paciente en situación terminal (necesita nuestro apoyo y debemos ir al menos dos días en semana). Tras la sesión clínica, impartida por una compañera de forma brillante y práctica, a casa (un poco tarde, eso casi siempre), la familia espera y todavía debo repasar una nueva guía de práctica clínica a través de la biblioteca virtual y preparar la actividad comunitaria de mañana. De camino a casa, saludo a dos pacientes y le pregunto a otro por su madre, que está ingresada…

Menos mal que nuestros políticos apuestan por una atención primaria universal y de calidad, que si no…

Menos mal que no nos conformamos, porque ¡ #Hay razones !

Eduardo Olano Espinosa
Médico de familia. Centro de Salud Castillos -DAO-

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