¿Excesivos recortes sanitarios?

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La llegada del año nuevo, anunciado como catastrófico, nos trae una serie de drásticas medidas anunciadas por el nuevo Gobierno, que nos van a afectar a todos, pero en mayor medida a los profesionales sanitarios. Después de unos años de acuerdos importantes con la administración madrileña (jornada de 35 horas, carrera profesional, atención continuada, mejoras salariales para residentes, etc.), se nos comenzó a recortar en el 2008 congelando el complemento de CP e impidiendo el normal desarrollo de su implantación, ni siquiera se constituyeron los órganos reguladores y en algunos centros no se produjo evaluación alguna. Pero no pararon ahí los recortes, al año siguiente el Gobierno madrileño congeló los salarios de los funcionarios y un año después se aplicó un recorte salarial que nos costó al colectivo médico un 7% de nuestros emolumentos anuales. Los dos años siguientes, es decir 2011 y el año actual sufrimos una nueva congelación, con el agravante de la importante subida de impuestos que figura entre las medidas estrella del actual Gobierno. Aún quedan por implantar las medidas aprobadas por la Comunidad de Madrid respecto a las horas de trabajo y la más lesiva por lo injusta, que es el impago de salario en baja laboral por enfermedad.

Circulan por las redes sociales multitud de comentarios con críticas feroces a las medidas decretadas por el nuevo Gobierno para intentar paliar la herencia envenenada que le han dejado. Tal vez sea la consecuencia de comenzar por lo más fácil, aumentar impuestos y congelar sueldos a los funcionarios sujetos a la nómina del Estado. Pero si se quiere recabar el apoyo y, lo que es más, la comprensión de tales medidas, se debería acompañar de una firme pléyade acciones encaminadas a controlar el gasto público en el colectivo más protegido de la nación: la clase política. El gran número de diputados de diferentes parlamentos (congreso, senado y autonómicos), diputaciones, asesores y otras ocupaciones cercanas a todos ellos hacen insostenible una economía como la española. Sin embargo, no se observa ninguna medida de recorte en sus sueldos y demás prebendas, solo tímidas medidas de recorte en el número de algunas direcciones generales y una disminución importante en los presupuestos de algunos ministerios.

Entre los sectores más sensibles para los recortes está el sanitario por una doble vertiente: el deterioro asistencial que va a sufrir la población (menor personal asistencial, menores medios diagnósticos y disminución importante de las prestaciones farmacéuticas). La precariedad laboral del colectivo médico, con eliminación de contratos eventuales, falta de convocatorias de OPE’s, sobre-explotación de Residentes, deterioro consiguiente de la formación, etc.

Ante esta situación, no es posible quedarse indiferente, existen en nuestro país una enorme cantidad de gastos superfluos, lujos innecesarios, medios de comunicación excesivos al servicio de intereses políticos, legaciones y demás derroches económicos que habría que corregir para evitar el deterioro que va a sufrir la sanidad, como ya se está viendo en la alguna autonomía.

Parece sensato admitir que en está terrible situación, todos debemos aportar nuestro granito de arena por el bien común, por eso cobra especial relevancia la toma de decisiones del Ejecutivo que afecta a todas las capas de la sociedad española y no solo a los sectores más sensibles, como son la sanidad y la educación. No podemos aceptar unos recortes tan drásticos en estos sectores, cuando no se acompañan de medidas que limiten las enormes cantidades de dinero que se dilapidan en todos los ámbitos de las administraciones públicas de nuestra nación.

Por otra parte es inadmisible la propaganda que acompaña a tales medidas, culpabilizando a los trabajadores públicos del deterioro de los diferentes servicios a la sociedad, al tener el privilegio de un trabajo seguro. En el sector sanitario se encuentra el colectivo médico y de titulados superiores sanitarios, que es el menos protegido de todos los trabajadores españoles, lo que hace imposible la conciliación de vida familiar y laboral. Horarios, turnos y guardias interminables (de obligado cumplimiento y con la consideración administrativa de horas complementarias) hacen que se superen con creces cualquier cómputo anual de horas. Sin olvidar el tiempo necesario para mantener al día el conocimiento científico-técnico, como exigencia profesional para un mejor servicio al ciudadano.

Por todo ello debemos instar a la Administración Autonómica Madrileña a que, dado el menor nivel de crisis de nuestra comunidad, se comprometa a respetar las actuales condiciones de trabajo y la autogestión de los centros médicos como garantes de una mayor eficiencia.

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