CON FIRMA. “Engaños y más engaños, y cada vez a más gente”, por Miguel Ángel García

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Jamás creí que pudiera llegar a contemplar tanta falta de vergüenza a la hora de gobernar la Sanidad. Jamás. Pero parece que la realidad siempre se supera, sobre todo en el ámbito de la política.

Y no voy a empezar hablando de Carrera, no. Esto prefiero dejarlo para el final, porque es como el broche de una semana para la historia. Dos perlas ya hubieran sido suficientes para escribir esta opinión, y por ellas voy a comenzar. Pero, por supuesto, el remate es lo de Carrera. Queda para el final.

Llevamos ya un par de semanas escuchando denuncias de muchos profesionales sanitarios sobre la saturación de los servicios, en especial la urgencia hospitalaria de La Paz. El tema es preocupante, porque significa:

  1. que los ciudadanos son atendidos de mala manera, en pasillos, sillones, sillas… No es el sitio deseable para una atención, y menos cuando es un sitio que a la vez comparten, en situaciones igual de precarias, otros pacientes. ¿Humanización?
  2. que los profesionales están sometidos a un estrés añadido al habitual, en el que deben atender más pacientes en peores condiciones, y eso, querámoslo o no, y por mucho que se esfuercen, puede acabar dañando la calidad de la atención. ¿Humanización?

El problema no se queda aquí. El problema es que si ya, antes de que llegue el “pico de la gripe” tenemos las urgencias saturadas, por la gran afluencia de personas y por no haber suficientes camas para ingreso en nuestros hospitales, deberíamos comenzar a temblar pensando en ese “pico” y en la posibilidad de que este año la gripe pueda ser algo más complicada, tal y como se sugiere de algunos análisis. Hace falta, desde luego, un plan de contingencia detallado y claro sobre cómo actuar para que en todo momento la población pueda ser correctamente atendida si las cosas empeoran.

Lo peor de todo es que la primera respuesta a todo esto ha sido airear la prohibición de obtener fotografías en los centros sanitarios. Se aduce un problema de intimidad de los pacientes, pero muchas de las imágenes que han circulado se han hecho sin desvelar rostros ni identidades. Lo que no se quiere es que transcienda la situación, y que la población siga creyendo que su gobierno gestiona adecuadamente la Sanidad mientras las urgencias están superando su límite de subsistencia, en una situación parecida a la de otras regiones. La pretensión es engañar, sí, engañar, camuflar la realidad. No afrontarla y resolverla, como hacen otros países que afrontan el tema de forma mucho más civilizada, con amplios debates y el desarrollo de las medidas adecuadas.

Y no, no sirve con sólo llegar, una semana después de lo anterior, y generar un titular de “vamos a contratar 180 profesionales sanitarios más”. Hubiera parecido serio si esto hubiera sido hecho de primeras, o incluso anticipándose a la situación, no para un simple lavado de cara de la inoperancia administrativa. Ojalá esos 180 profesionales adicionales vayan acompañados de un bien elaborado plan de contingencia.

Pero, por si fuera poco, esta semana nos descolgamos con un nuevo programa preventivo, el de cáncer de colon, que de alguna manera es ya un clásico en nuestra atención sanitaria, pero al que ahora se quiere dar forma y estructura (PREVECOLON). Y se hace colando con calzador citas de pacientes que, habiendo recibido resultado positivo en la prueba de screening, sangre oculta en heces, son remitidos a su médico de familia para que, en 5-7 minutos:

  • les expliquen el significado e implicaciones de la prueba
  • expliquen (y valores previamente la indicación) en qué consiste la colonoscopia y los riesgos que ésta tiene asociados, de forma que puedan firmar el consentimiento informado
  • evalúen, mediante cuestionario estandarizado, el riesgo anestésico según la clasificación ASA, y la idoneidad de la vía respiratoria para posible intubación anestésica
  • den las instrucciones necesarias para la realización de la prueba (dieta, preparación del colon, etc)
  • y completen los formularios necesarios para la correcta tramitación del procedimiento

O sea, que para que no se pierda “una valiosa cita” en el servicio de endoscopia que realizará la prueba, el médico de familia deberá pasar entre 20 y 30 minutos con un paciente al que un sistema automático le asigna un hueco de sólo 5-7 minutos y que hará que el profesional tenga que hacer malabares con ese y el resto de los pacientes para acabar el día con una asistencia bien hecha y sin deteriorar gravemente su salud psíquica. Debe ser que para el sistema, las consultas de medicina de familia no son tan “valiosas” como las de los especialistas hospitalarios. Y que no merece la pena el esfuerzo de mejorar el procedimiento informático para que, en caso de ser necesaria esa consulta, se dé con el tiempo necesario para ella. Los directivos de la AP madrileña se limitan a encogerse de hombros cuando se les hace ver la incongruencia. Desde luego, no les importa en absoluto como funcione el sistema que dicen gestionar.

¿No les parece todo ello una vergüenza? A mí sí, totalmente. Una auténtica tomadura de pelo.

¿A nosotros, los profesionales? Sí, por supuesto. Pero también, y quizás sobre todo, a los ciudadanos. Porque van a ser engañados, presentándoles un programa innovador y necesario para mantener su salud que, en realidad, va a funcionar como una auténtica chapuza, y a contribuir a deteriorar aún más la atención sanitaria que se les presta, tan sólo por no tener en cuenta qué recursos adicionales puede precisar.

Nuestro secretario general, Julián Ezquerra, suele citar a algunos autores clásicos en sus textos, pero yo voy a hacer algo un tanto sorprendente. Voy a crear unn enunciado para poder así citarlo, para darle más rimbombancia. Ahí va:

“Quien gesta grandes ideas sin pensar en su aplicación a la realidad, gesta grandes chapuzas”.

Pues eso, que como decía yo, “quien gesta grandes ideas sin pensar en su aplicación a la realidad, gesta grandes chapuzas”. Eso es lo que es el PREVECOLON: una chapuza que se quiere poner en marcha. Al servicio de los ciudadanos, pero de forma chapucera. Como nos van teniendo habituados.

¿Había o no había suficiente con estas dos “perlas”? ¿A que sí? Pues esperen, que ahora viene lo de Carrera, algo de los dos últimos días de esta semana, y que a buen seguro ya conocerán. Que donde dije digo, ahora digo diego, y que de repende hacen falta unos requisitos que antes no estaban, o no estaban expresamente expuestos.

Rebobinemos. La Carrera Profesional se estableció con cuatro años de retraso, en 2007, para frenar la sangría de profesionales que marchaban a otros lugares. Siendo una vieja reivindicación médica, y una relativamente reciente (2003) disposición legal, se lanzó con una convocatoria extraordinaria inicial en la que, precisamente de forma extraordinaria, se aplicarían los niveles tan sólo por antigüedad, quedando pendiente su desarrollo “ordinario”, basado también en criterios de formación, investigación y participación en la institución sanitaria, para ejercicios sucesivos… en los que nunca llegó a aplicarse. No hemos tenido, por tanto, experiencia en su aplicación normalizada, y sí de suspensión total y absoluta durante años, debido a la crisis financiera y económica.

Parece que ahora se supera ésta y, no de buena voluntad, sino por presión de los profesionales, se decide reactivar la carrera, comenzando por los reconocimientos durante el año 2017. Se diseña esta reactivación siendo conscientes de que hay que acercarse lo más posible a la situación ideal, la de que no hubiera estado suspendida, de forma que, perdido su carácter incentivador durante los diez años transcurridos, habría que aplicar algunos detalles de excepcionalidad en la nueva aplicación de los criterios, de forma que se asumiera la evaluación tan sólo de los créditos necesarios para alcanzar el último nivel posible en cada candidato. Y también tratando de corregir la injusticiade haber excluido del proceso al personal interino, en todas las modalidades en que éste pudiese presentarse. Y así se comenzó a trabajar.

Sin embargo, algo pasa que, primero, la Carrera queda bloqueada por los partidos que apoyan al gobierno madrileño en los presupuestos del año 2017, y que después, cuando se desbloquea formalmente en los de 2018 (no por iniciativa de esos partidos, sino, de nuevo, por presión profesional), la autoridad de Recursos Humanos en Sanidad (probablemente presionada por Hacienda) vuelve a estirarse en zancadilla rastrera para desdecirse de los criterios de excepcionalidad y actuar como si los profesionales hubieran sido responsables del parón de la carrera y no hubieran querido mantener el sistema incentivador durante la última década. Y para excluir a quienes, en la mayor indecencia conocida en que puede incurrir un gobierno, pervertir el sistema de contratación, han tenido que sufrir un régimen de eventualidad durante años, muchos años. Mayor nivel de cicatería es imposible.

En fin, no sé qué sensación les queda con todo esto, pero a mí me queda una muy clara: la de una continua tomadura de pelo. La de unos gestores de la Sanidad y una clase política que no tienen catadura moral para enfrentar los problemas sanitarios, y desde luego no tienen la talla humana necesaria para humanizar la sanidad. Ni la sanidad ni la política ni las relaciones con los profesionales, que son los que realmente sirven a la población.

Porque con engaños, engaños y más engaños no se juega el juego democrático; se juega a engañar. A todos. A toda la sociedad.

Miguel Ángel García Pérez
Médico de familia, máster en Bioética y Derecho. Director médico de la Revista Madrileña de Medicina

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1 comentario

  1. Quisiera hacer algunos comentarios sobre el tema del PREVECOLON, desde mi perspectiva como anestesióloga; la estimación del riesgo anestésico, y la valoración de la Vía aérea del paciente, competen de manera específica al anestesiólogo; sin poner en ningún caso en duda el buen hacer de los MAP, estos dos asuntos no están entre sus competencias, sino en las nuestras; obligar a los MAP a hacer estas valoraciones no solo supone una sobrecarga añadida a sus ya saturadas agendas, sino un desprecio por mi especialidad y una banalización de la valoración preoperatoria como acto anestésico, y también de la sedación durante la colonoscopia, que es a mi modo de ver, una de las intervenciones complejas que los anestesiólogos realizamos. Administrar “sedación” no es un acto baladí ni intrascendente, debe realizarlo un especialista que sea capaz de hacer frente a las complicaciones que surjan, que aunque son poco frecuentes pueden ser de extrema gravedad, y que además se pueden minimizar con una valoración preanestésica correcta, realizada por el profesional capacitado para ello.
    Por otro lado, el Medico de familia tampoco es quien debe dar el consentimiento informado para la sedación que realizará el anestesiólogo, puesto que no podrá resolver las dudas que el paciente plantee.
    Creo que la implantacion del PREVECOLON tal como parece estar diseñado en este momento va a suponer una sobrecarga de las consultas de Medicina de familia y puede aumentar los riesgos a que pueden verse sometidos los pacientes

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