CON FIRMA. “El residente y la indefensión aprendida”, por Sheila Justo

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Termina la carrera de medicina, esos seis largos años tan sacrificados a la vez que maravillosos, te licencias y por fin… ¡¡MÉDICO!! Tras un año y medio de estudio intenso y una dura oposición llena de competitividad, llega el momento de la verdad: el mundo laboral y la formación en la especialidad elegida te espera.  Tu sueño se hace realidad,  sientes ilusión y felicidad a la vez.

La residencia es un largo camino, periodo bonito a la vez que complejo. La asepsia de los libros se sustituye por pacientes con patología, a veces muy grave;  por cirugías, a veces muy complejas; y por lo que viene a ser  la cruda realidad: las noches sin dormir, los pacientes y sus demandas, la muerte, las decisiones importantes.. Mucho por estudiar en cuatro o cinco años y mucho por aprender que no viene en los libros.

Los médicos MIR , debido a la dureza de la residencia, la vemos como un periodo transitorio, autolimitado y por el que hay de pasar. Aceptándolo todo e incluso pasando por el abuso laboral en ocasiones.

Lo que me vengo encontrando, y lo que yo misma he vivido en la residencia, es que somos un colectivo manso, que acatamos todo con un ligero si no miedo, sí respeto. Incluso celadores y enfermeras se ven en la capacidad de ponernos en evidencia por la obvia inexperiencia,  y también  nuestros propios “colegas”, que hace unos años estaban en la misma posición que nosotros mismos,  considerándonos algunos mano de obra barata. El MIR soporta el sistema, así es que, como personal imprescindible, no puede librar las guardias, tiene que hacer más de 7 guardias en ocasiones  y, ¡por favor!, que no se queden embarazadas, se operen o les pase algo; ¿¿qué va a hacer el Servicio sin ellos??.

Con la reciente llegada de los residentes, desde AMYTS hemos organizado, a través del Comité de empresa, MIR-charlas para que los residentes que se incorporan conozcan la legislación MIR, especialmente el Real Decreto 1146/2006, que regula la relación laboral especial de los Residentes.  Es importante que los MIR, como personal laboral, conozcan la legislación que les acoge; atrás quedaron los tiempos de estudiantes, y ahora, como trabajadores, tienen derechos y obligaciones. Difícil es plantarse en la residencia sin respaldo, pero AMYTS apuesta por ellos, porque son el futuro y no puede ser que se perpetúe la irregularidad. Así es que la Vocalía MIR AMYTS y el Comité de Empresa MIR son su respaldo, ya no están solos.

De ahí parte el titulo que le doy a este articulo. Porque hasta ahora, tras años pisoteados, sin librar guardias, haciendo más de 6O horas semanales, sin tiempos para investigar, estudiar ni nada que se parezca, en ocasiones puestos en evidencia, expuestos a altos niveles de estrés, durmiendo en camas calientes o a veces sin cama, en camillas… todo esto marca. Si en lo más tierno de nuestro desarrollo como médicos es lo que tenemos, ¿dónde van esa ilusión y ese sueño con los que empezaba a hablar? ¿Se esfuma, tal vez? Y nuestra capacidad reivindicativa, ¿dónde queda? Somos Médicos.. Perdone.

El experimento de indefensión aprendida que se realizó en la Universidad de Pensilvania por Seligman  me da la clave. Seligman dividió a sus perros en dos grupos. Sometió a uno de ellos a descargas eléctricas aleatorias e indiscriminadas de las que no podían escapar, mientras que el segundo grupo disponían de un dispositivo que podían accionar con la patita para detener la serie de descargas. Después de un tiempo de aprendizaje, se pudo observar que, al rodear a ambos grupos de animales  con un simple alambre electrificado, el perro del segundo grupo no tardaba en comprender que si saltaba el pequeño obstáculo quedaba en libertad; mientras que los animales del primero renunciaban a la búsqueda, y no hacían NADA.

Con este experimento pretendo llegar a la siguiente conclusión: los médicos, siendo un colectivo super-cualificado, con altos niveles de exigencia y poderoso, nos hemos acogido a lo que hemos vivido desde lo más tierno de nuestra formación: aceptando el maltrato, porque nos han agotado en nuestras épocas más tempranas el amor propio y la píldoras de autoestima que nos quedaban.

Recientemente en el Congreso CESM de A Coruña, un médico añoso me preguntó cómo, con estos niveles de precariedad laboral, de maltrato profesional, los médicos más jovenes no nos revelábamos. Y yo lo tengo claro: indefensión aprendida, esa es la clave. ACEPTAMOS, NO HACEMOS NADA.

Respetemos, apoyemos y valoremos a nuestros residentes y, tal vez, las generaciones que vienen pasen al segundo grupo de Seligman.

Sheila Justo Sánchez
Vocalía AMYTS de Médicos en precario y MIR

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