CON FIRMA. ¿Y qué pasaría si las cosas se hicieran de otra forma?, por Ángela Hernández

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250 Angela Hernandez 3x3 cm

Tras la presentación (en la sección de Profesión de la RMM de la semana pasada) del panorama de contratación en el ámbito de hospitalaria del SERMAS, esta semana voy a hacer un ejercicio sencillo de imaginación. Por supuesto que no tiene que tratarse del modelo que guste a todo el mundo, es tan solo eso, un planteamiento personal y que tan solo busca llevar a la reflexión y el debate. Son ideas que me han ido aportando diferentes médicos y T.S., a los que agradezco desde aquí sus puntos de vista enriquecedores.

Imagina que el MIR se enfocara de otra forma y, para poder elegir lugar de formación, además de por el “boca a boca” de los residentes, hubiera criterios algo más objetivos, como:

  1. Que no se pudiera trabajar al menos en cinco años después de concluir la formación especializada en el mismo hospital donde te has formado. ¿Para qué? ¿Me caen mal los residentes, quiero castigarles? Todo lo contrario, supondría una medida a coste cero que evitaría situaciones que se dan actualmente y que hemos denunciado en repetidas ocasiones tanto a la Consejería como a Inspección de Trabajo y a otras organizaciones como el ICOMEM. Por ejemplo: ausencia de cumplimiento de descanso obligatorio (libranzas de guardia) “porque está mal visto, y luego de cara a que se queden contigo…”; servilismos más cuestionables como ayudantías en ejercicio privado cuando el MIR es un periodo de exclusividad; y, en resumen, endogamias que ya comienzan desde el inicio del desarrollo profesional de muchos médicos.
  2. Un examen a nivel del Ministerio al finalizar la residencia. Podría aportar una forma objetiva de evaluar no solo a los especialistas, sino también a los servicios donde se formaron, lo que ayudaría a elegir con criterio y a elevar, mantener y evaluar el desempeño de los servicio acreditados para la formación MIR.
  3. Se podría plantear que un MIR no se forme en su totalidad en un solo hospital, sino que se establecieran aquellas rotaciones que ayudaran a formarlo en todo lo necesario para su especialidad (y sí, eso incluye la patología más prevalente que, como tal, es la que con mayor probabilidad tendrán que ejercer en su profesión el mayor porcentaje de médicos de dicha especialidad).

Imagina que, al terminar el MIR, además de ser un excelente profesional, dicha calificación en el examen de final de especialidad se considerara como un mérito de cara a una bolsa de contratación para trabajos temporales. Es verdad que al principio habría que pasar por varios hospitales pero… ¿De verdad sería eso tan malo? ¿De verdad entender y contactar con diferentes formas de hacer supondrían un hándicap, o más bien un enriquecimiento de cara al desarrollo profesional? ¿No evitaría eso ciertos riesgos de la subespecialización, como por ejemplo en cirugía general, en la que los que pertenecen a una unidad determinada terminan por no sentirse cómodos por las patologías urgentes de otras áreas?

Imagina que la Administración se hubiera tomado en serio la especificidad del trabajo médico y que, contando con los profesionales, se hubieran definido las plantillas considerando las áreas de capacitación específica pertinentes. Esto requeriría concentrar actividades en determinados centros (trasplantes, CSUR, radiología intervencionista, cáncer de páncreas, por poner algunos ejemplos, algo parecido a lo que ya ocurre con las unidades de hemodinámica de cardiología).

¿Cómo se accedería a dichos puestos específicos? Con formación acreditada y experiencia en ellos. A esos puestos se podría acceder por convocatorias específicas (aquí sí) en las que no se excluyera a nadie. Se evitarían situaciones como la de Oftalmología Infantil de la Paz, que suponen ahora un sufrimiento añadido para los familiares de los niños atendidos allí cuando ven que peligra la continuidad de asistencia, porque su médico de referencia tenía un contrato de carácter interino. Añado aquí las consideraciones del documento sobre puestos específicos aprobado por CESM en el 2017, único publicado hasta el momento.

Imagina un grueso de OPEs de carácter generalista del total de la especialidad (como sucede en el momento actual) y otros procesos para cubrir de forma definitiva los puestos específicos.

Puede parecer mucho imaginar, pero se podría si hubiera voluntad por parte de la Administración. Como miembro de un sindicato médico profesional, a menudo me dicen que es muy difícil cambiar nada por la “actitud inmovilista de los sindicatos”, o por las “resistencias profesionales”. Tras varios años viendo actuar a la Administración, donde he visto el mayor inmovilismo y resistencia (y añadiría falta de motivación e imaginación) ha sido en el lado de la mesa que corresponde a la Administración. Es justo resaltar aquí que, durante esta semana, hemos visto “brotes verdes” por parte de la Dirección General de Recursos Humanos del SERMAS (“Sagasta”) en los grupos de trabajo de traslados y de convocatorias específicas, pues por primera vez en mucho, muchísimo tiempo, no se han negado a incluir a los médicos y T.S. en el desarrollo de los traslados. Se agradece, y esperemos que fructifique a ser posible en un tiempo razonable (meses).

Este modelo que acabo de exponer cabe dentro de la legislación actual, y no supone sobrecostes más allá de la organización de las pruebas objetivas para los residentes desde el Ministerio.

¿Quiere decir esto que el modelo no debe cambiar? Para nada, pero sí que estaría bien que, si cambia, no lo sea para perpetuar o promover el inmovilismo y la endogamia que actualmente se han instalado en los hospitales madrileños, y que difícilmente se pueden defender,desde la promoción de la meritocracia.

¿Qué se necesita? Menos miedos y más trabajo a todos los niveles:

  • Profesionales y sociedades: que delimiten y determinen aquellas áreas que de verdad requieren una subespecialización, en un trabajo de fondo que vaya más allá de protestar de que “se van los suyos” cuando se produce la incorporación de procesos selectivos.
  • Gerencias y recursos humanos: que pierdan el miedo a definir necesidades y plantillas reales, y a modificarlas cuando la asistencia o el desarrollo de las especialidades así lo requieran.
    Todo ello en un marco de diálogo, y no de confrontación, con los representantes de los trabajadores en el seno de las mesas articuladas para ello y actualmente vigentes.

No parece que vayamos por la senda expuesta, sino que parece haber un empecinamiento en la modificación del modelo actual, modelo que nadie se ocupó de desarrollar hasta su cumplimiento, en una especie de alocada huida hacia delante que escasos beneficios puede aportar a la sanidad de todos.

¿Todo esto es tan complicado? ¿De verdad tenemos que creer que emular modelos de contratación de médicos de especialidades hospitalarias de países anglosajones va a funcionar mejor en nuestro entorno? ¿Es creíble después de lo que hemos hecho con el actual modelo de contratación pública?

Ángela Hernández Puente
Especialista en Cirugía General y del AD, Hospital del Sureste (Arganda). Presidente AMYTS del Sector de  Atención Hospitalaria.

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