CON FIRMA. “Urgencias en HULP. Crónica de una saturación anunciada”, por Daniel Bernabeu, Laura López-Tappero y Milagros Martí de Gracia

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136 Hospital La Paz 3x3 cm

Durante las últimas semanas hemos asistido a una incesante secuencia de noticias sobre la situación de las Urgencias en el madrileño hospital de La Paz: colapso, saturación, falta de intimidad, camillas atravesadas, sillones, falta de personal,… han sido términos reiteradamente utilizados en redes sociales y periódicos sobre denuncias de trabajadores del centro. El flamante mejor hospital de España por cuarto año consecutivo era puesto contra las cuerdas.

¿Es una conspiración, o una exageración, de trabajadores y periodistas afines a los partidos de la oposición? Esta es básicamente la tesis defendida por la Presidenta de la Comunidad de Madrid, Dña. Cristina Cifuentes. Apoyada por las afirmaciones que desde la Consejería intentan transmitir normalidad, hablando de “picos de actividad asistencial” puntuales generados por diferentes factores coyunturales, como la gripe o las festividades; y sobre los cuales se están tomando medidas.

¿Quién tiene razón? A pesar de nuestro gusto por los matices, y que ni todo es blanco o negro, si hubiera que elegir una postura que agrupara “mayor número de certezas” sería sin duda la de los trabajadores que han estado denunciando la situación de las Urgencias.

Las Urgencias son la puerta de entrada de gran número de pacientes a los hospitales, y sufren una relativa variabilidad en esta afluencia condicionada por múltiples factores: gripe, contaminación, verano, población anciana, partidos de fútbol… Pero también es cierto que en los últimos 5 años venimos sufriendo un aumento constante de la presión asistencial media agravado por la pérdida de camas en el centro y los recortes de personal; una combinación que convierte los “picos de actividad” en situaciones de pesadilla. Las Urgencia da La Paz adolecen históricamente de un adecuado espacio físico, y el que existe es el fruto de sucesivas reformas “puntuales” aprovechando espacios destinados inicialmente a otros fines que fueron fusionados a los ya existentes. Un desarrollo arquitectónico limitado que resulta absolutamente insuficiente, y cuya carencia de espacios adecuados para pacientes y trabajadores genera un ambiente agobiante, y no pocas veces malsano (Salas de Radiología, Box 2A y 2B, Sala de sillones,…).

Los médicos que trabajan allí, un equipo joven de “urgenciólogos” (como algunos gustan llamarse), trabajan a turnos, y no tienen un horario de trabajo fijo, porque los pacientes no escogen cuando se ponen enfermos. Van a trabajar como todos, y se resignan cuando todos los meses trabajan gratis una noche de guardia, porque al parecer, si no, no cumplen la jornada laboral de 37,5 horas. Estos médicos trabajan en un lugar sin luz natural, sin espacio propio de trabajo, con escasa ventilación, esquivando camillas, sillones y botellas de oxígeno, rodeados de pacientes y sus familiares. Porque desde la entrada de la humanización, aquí, lo único que ha ocurrido es que los pacientes tienen acompañante; eso sí, a costa de que la mayoría estén de pie y en el mismo espacio físico de antes. En cualquier lugar de ocio esto sería motivo de denuncia por aforo completo. La humanización requiere espacio suficiente, y puesto que partimos de un crecimiento disfuncional y caótico de la Urgencia, se necesita un PROYECTO INTEGRAL DE REFORMA cuya ejecución debiera ser urgente y prioritaria.

Sin embargo, y a nuestro pesar, probablemente sean la escasez de camas de hospitalización, y la compleja gestión de las existentes, las verdaderas responsables de que la Urgencia de HULP sea ese lugar del que todos hablan periódicamente en los medios de comunicación. Porque si no se pueden ingresar pacientes por falta de camas, entonces la Urgencia se colapsa, o tiene que recurrir a la creatividad (los denostados sillones, camillas atravesadas, juntar camas, etc..) en tanto se consiguen las camas y el traslado de los pacientes.

Una situación de hacinamiento temporal que deshumaniza a los pacientes (y acompañantes) durante horas o días, hasta que consiguen salir hacia las plantas de hospitalización; que también estresa y “quema” a los profesionales, mermados por los recortes y en un entorno físico desfavorable.

Esta compleja gestión de camas dentro del hospital se ha agravado con los recortes de personal, que ha obligado al paulatino cierre de camas en el centro (no se pueden tener camas disponibles si no hay personal para atenderlas). Principalmente, porque no todas las camas disponibles se pueden ocupar en un momento dado: pacientes inmunodeprimidos, trasplantes, precauciones de contacto por gérmenes multiresistentes que obligan a convertir habitaciones dobles en individuales; reservas para cirugías programadas, obras, etc. Por otro lado, la liberación de las camas tras un alta tampoco es fácil: muchos de nuestros pacientes son de edad avanzada, y en la mayor parte de los casos precisan una ambulancia para su traslado a domicilio. La tardanza y la escasez de medios de transporte en el SUMMA112 (en manos de contratas externalizadas), hace que las camas no estén liberadas hasta bien entrada la tarde o la noche, teniendo todavía que proceder a su limpieza (contrata externa con escasos efectivos) y a su adecuación (enfermería, auxiliares y celadores insuficientes); y retrasando el traslado de pacientes desde la Urgencia, con el colapso consiguiente. Que el nuevo sistema informático (un auténtico dolor de muelas) funcione aún de forma limitada, solo es un añadido más para aumentar el estrés de médicas, enfermeras y administrativas que lo usan.

Ni el problema ni la solución al mismo son sencillas, y desde luego nada que ver con el simplismo de la “negación del problema” que exhiben nuestros políticos y gestores. Por eso nos dolió el pasado viernes escuchar a Cristina Cifuentes decir que era “intolerable” y que
debería darles vergüenza por denigrar a la sanidad pública, a todos los que estaban “denunciando” la situación. Porque, estimada Presidenta:

INTOLERABLE es que Vd. diga públicamente que los colapsos en estas urgencias son coyunturales, y que se deben a mayor afluencia (cuando aún no hemos llegado el 25% de la ANUAL epidemia de gripe).

INTOLERABLE es que culpen al ciudadano del colapso por ir al servicio de urgencias.

INTOLERABLE que haya camas, plantas enteras cerradas en este complejo hospitalario pero los pacientes no puedan acceder a una de ellas porque Vds. no quieren contratar a más personal.

INTOLERABLE es que se tenga a pacientes de más de 80 años esperando en un sillón o en una camilla durante horas, a veces días, para poder acceder a una habitación, o a la espera de que llegue una ambulancia para poder trasladarlo a otro centro.

Porque, Sra. Cifuentes, si tuviéramos que resumir en cuatro palabras el problema, y a la vez la única solución real en el momento actual, de las Urgencias de HULP estas serían: PRESUPUESTO, PRESUPUESTO, PRESUPUESTO Y PRESUPUESTO.

Decía el poeta romano Horacio, recogiendo la tradición epicúrea, que en los medios y la mesura está la virtud (“aurea mediocritas”). Pero quizá hemos convertido esa virtud en malsana mediocridad, y la estamos sufriendo en todo su esplendor en Sanidad. Por otro lado, el “Carpe Diem, quam minima credula postero” (“aprovecha el día, no confíes en el mañana”, pero que quizá habría que actualizar a un “acaba hoy como puedas, mañana será otro día) al que definitivamente parecen haberse abonado muchos profesionales y gestores de la medicina, evitando todo compromiso y significación; no ayuda a mover esa “VOLUNTAD POLÍTICA”, la de Cristina Cifuentes, para que ponga encima de la mesa mayor presupuesto para infraestructuras y personal en los hospitales públicos de gestión directa.

Daniel Bernabeu Taboada,
Laura López-Tappero,
Milagros Martí de Gracia,
Delegados AMYTS-La Paz

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