CON FIRMA. “Tecnología y coste sanitario. ¿Cuidamos al profesional?”, por Pilar Riobó

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Un factor condicionante de primera magnitud en Sanidad es la limitación de los recursos disponibles, especialmente en la situación actual de crisis económica. Mientras que en casi todos los órdenes del entramado social los avances tecnológicos han logrado reducir los costes, en el mundo de la Medicina esto no ha sido así: racias a los avances tecnológicos se ha logrado aumentar la esperanza y calidad de vida en los países desarrollados; como consecuencia de ello, las personas necesitan (y utilizan) mayores recursos sanitarios y el gasto se incrementa.

Pero el progresivo incremento del gasto sanitario está condicionado por múltiples factores. No solo influyen el envejecimiento de la población, y el gran aumento de la patología crónica y degenerativa, junto a la cronificación de muchas enfermedades consideradas agudas y mortales hasta hace poco (por ejemplo, determinados tipos de cánceres). También hay un claro aumento de la demanda por parte del usuario; su nivel de concienciación sanitaria ha aumentado notablemente y, en ocasiones, vemos un verdadero “consumismo sanitario”. Por otra parte, la judicialización de nuestra sociedad ha hecho que cada vez se practique más la llamada la medicina defensiva, lo cual origina un notable incremento de pruebas diagnósticas. Es más, el gasto farmacéutico ha aumentado de forma espectacular en los últimos años; los costes de nuevos fármacos desarrollados para enfermedades antes incurables se han disparado, tanto por aumento de consumo como por precio unitario.

Uno de los pocos procesos que ha sido capaz de reducir los costes de la asistencia es la informatización de la Historia Clínica, que actualmente se considera verdaderamente imprescindible. Una de sus múltiples ventajas es que permite el acceso a los resultados de exploraciones complementarias de forma inmediata. También permite la comunicación fluida con otros servicios y Atención Primaria, así como el registro de diagnósticos, y puede facilitar la recogida de datos relevantes y su análisis para investigación clínica. Pero ello ha recaído directamente en el médico, que ahora es el responsable de mecanografiar, haciendo el trabajo que previamente realizaban las secretarías en las consultas.

Pero las decisiones diagnósticas y terapéuticas son responsabilidad del médico, y por lo tanto, este profesional es el mayor condicionante del gasto sanitario.  Por ello es imprescindible potenciar en él la cultura de la gestión del gasto. Sin embargo, el objetivo no debe ser exclusivamente el de ahorrar, sino más bien se debería buscar una mayor eficiencia en su actividad.  Y para lograr la necesaria complicidad del médico en esta función, es muy importante que el médico se sienta parte del sistema, que tenga un reconocimiento  por el mismo, que no se sienta maltratado y ocupe el lugar adecuado en el engranaje sanitario, cosa que parece claramente alejada de la realidad que estamos viviendo hoy en día. Habrá, por tanto, que hacer algo en esta línea, algo muy serio y bien pensado, que realmente es  reconozca y estimule a la pieza fundamental del sistema sanitario.

Ideas no faltan. Lo que falta es intención real de llevarlas adelante.

Pilar Riobó Serván
Especialista en Endocrinología y Nutrición, H. U. Fundación Jiménez Díaz.

 

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