CON FIRMA. “Superando el ombligo”, por Mónica Alloza

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235 Monica Alloza 3x3 cm

Muchos de nosotros decidimos estudiar medicina por vocación. Vocación que cada uno expresa a su manera: ayudar a los demás, cuidar de los enfermos, etc.

La medicina es una profesión absorbente que se lleva buena parte de nuestro tiempo, entre lo que prolongamos nuestra jornada, las guardias que hacemos y nuestra formación. La carrera de medicina es más una maratón, una carrera de fondo en la que uno no termina nunca de quitarse el dorsal. Siempre estudiando, siempre preocupados por mantenernos al día.

En resumen, toda una vida de dedicación, de preparación, de responsabilidad y de servicio público. Y, sin embargo, algunos de nosotros decidimos abandonar esta faceta asistencial de nuestra profesión y desviamos el foco de nuestra atención desde el paciente hacia el compañero.

Motivos hay, de los más variados, para dedicarse a las labores sindicales. Cada uno podría contar su propia experiencia. Pero, en general, encuentro en todos nosotros un prurito ante la injusticia, un no saber quedarse callados ante los abusos, y un espíritu luchador en busca del foro más adecuado donde luchar.

Los médicos sindicalistas seguimos siendo médicos, pero que cuidan de otros médicos. Volcamos nuestra vocación de servicio a los demás en nuestros compañeros, muchas veces la parte más débil del sistema, incluso más débiles que los propios pacientes.

Lamentablemente asistimos a un deterioro progresivo de las condiciones laborales de nuestra profesión, probablemente consentido por nosotros mismos, muchas veces impuesto por las circunstancias. La indefensión aprendida, de la que tanto se habla.

Motivos hay muchos, pero la decisión es difícil. Mucho se ha hablado (y mal) del liberado sindical. Pero creo firmemente que los médicos somos distintos, que nos puede la vocación. Y cuando uno comprende que unas pocas horas sindicales al mes (a menudo mal cubiertas por tus compañeros porque la Administración/empresa no nos suple adecuadamente) no son suficientes para toda la tarea que a uno le gustaría hacer, entonces llega la duda. La duda entre los pacientes y los compañeros. La duda entre el ejercicio de nuestra profesión y la defensa de los profesionales.

Duda difícil, decisión más difícil aún. Por eso, cuando veo a un médico liberado sindical, comprendo que, lejos de los estigmas y estereotipos, está haciendo un sacrificio personal y profesional, y que su vocación de servicio se mantiene, pero cambia de foco. Y por ello lo respeto profundamente.

Es así como yo veo a nuestros delegados sindicales, es así como a mí me gustaría que fuesen todos los delegados de todos los sindicatos: con vocación de servicio público. Lejos del ombligo personal, lejos del qué hay de lo mío, lejos del “primero negocio para mí y luego para los demás”.

Se ha hecho mucho daño a la imagen pública de los sindicatos, lamentablemente también por parte de algunos de sus representantes. Pero creo firmemente que las cosas han cambiado, al menos en nuestra casa, y que en esta difícil profesión que es la Medicina, cuando uno se decide a dar el paso, merece nuestro aplauso. Porque no es fácil ser delegado sindical, porque se trabaja mucho y bien, y porque superar el ombligo y mirar por los demás, por el bien común, arriesgando la imagen pública e incluso exponiéndose a la diana de las represalias, no es sencillo.

Seamos, pues, solidarios entre nosotros y con los que nos representan, y conseguiremos así mejorar nuestras condiciones laborales, que buena falta nos hace.

Mónica Alloza Planet
Especialista en Radiodiagnóstico. Coordinación de delegados AMYTS

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