CON FIRMA. “Seguimos siendo los mismos…”, por Dolores Temprano

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Tras acudir hace una semana a un evento de la celebración de los 25 años de mi promoción de Medicina de la UAM, entramos la mayoría de los asistentes en un estado de morriña lleno de recuerdos, según hemos comentado entre nosotros. Ese día un compañero nos ofreció unas palabras con el título ¿Qué ha cambiado? que me ha llevado a rememorar todos estos años la vertiente de la Medicina desde un punto laboral.

Nos reunimos unos ciento treinta médicos. Seguimos siendo los mismos (lo he visto con mis ojos), con algunas arrugas, algunas calvas, algunas canas más, pero con la sensación de que, después de esos años de formación, de inquietudes e intereses comunes compartidos, el tiempo no nos había cambiado casi nada. Físicamente es cierto que en general no, sobre todo a las féminas, pero ¿qué ha cambiado de lo que nos encontramos profesionalmente hablando a la salida de los estudios allá por los años 90? ¡Han pasado nada menos que 25 años!

Después de estos días eufóricos del post-reencuentro, me embargó cierto pesar, presentía que el tiempo ha pasado en lo laboral no tan dulcemente como en lo físico. Y eso quiero dejar reflejado en esta nota.

En lo único que ha cambiado a mejor la medicina desde entonces es en el desarrollo científico al que alguno de nosotros, de nuestra promoción o de otras más o menos cercanas, ha podido contribuir específicamente en el esfuerzo cotidiano para conseguir con nuestro trabajo que España tenga un indicador de esperanza de vida tan bueno. Lalonde consideraba como uno de las cuatro variables prioritarias en el nivel de salud de la comunidad los sistemas sanitarios y su cercanía, por detrás del estilo de vida y del medio ambiente, pero yo voy a echarnos flores con esa euforia que aún me queda, en especial a los que trabajan en la AP (Atención Primaria), que son menos visibles en sus resultados a nivel de impacto mediático y que con un menor presupuesto global en general día a día colaboran indiscutiblemente a conseguir esos buenos indicadores de salud, a veces no sin un gran esfuerzo personal y fuera de jornada.

Por eso sí que hemos cambiado: en estos años ha empeorado nuestra calidad de vida, la del MÉDICO.

En estos 25 años hemos perdido y mucho, somos afortunados por dedicarnos a la profesión más bonita del mundo (como a colegas amigos les gusta decir de la medicina), correcto. Le hemos dedicado esos 6 años de intenso esfuerzo que rememoramos el sábado pasado, más 4 o 5 años de superespecializaciones, seguimos estudiando para estar al día y estamos bien valorados por el ciudadano y la sociedad, pero no hemos conseguido en 25 años el reconocimiento a nivel laboral que creo que debiera estar a la altura de nuestra formación, dedicación y responsabilidad.

Nos encontramos que los que estamos en el sistema público, la mayoría (da igual Madrid, Murcia… que Guadalajara) hemos perdido en este tiempo un 30 % de poder adquisitivo como mínimo, estamos pluriempleados para paliar esa pérdida, tenemos un vaivén de complementos que suben y bajan según se acercan o no elecciones gracias a que no pertenecen al sueldo base, las horas de guardia no son abonadas como horas extras y tampoco computan como tiempo laboral para la jubilación por no ser jornada ordinaria, las ausencias de compañeros significan asumir la fórmula de trabajo casi “a destajo”, para la misma capacitación y contrato los sueldos son diferentes no ya por comunidades, sino con tu compañero de al lado según te pilló o no esta ley o este recorte y te pudiste quedar sin la Carrera Profesional, puede que incluso a igual trabajo no tengas igual contrato (interino, eventual, al 75 %). Los que tienen su actividad laboral en entidades privadas sufren la incertidumbre de si a final de mes sigo o no, de contratos como falsos autónomos…

En definitiva y por no alargarme, en esto sí que estamos peor que hace 25 años, y en muchos casos aún con una tasa de eventualidad en algunos centros que me sigue pareciendo inaceptable para lo que se suele oír decir de “la profesión más bonita del mundo”. Espero que antes de las bodas de oro pueda escribir lo contrario. ¡Brindo -y trabajo- por ello!

Mª Dolores Temprano Maroto
Vocal AP, AMYTS
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