CON FIRMA. “Saquemos el héroe que llevamos dentro”, por Miguel Ángel García

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219 Ignacio Echeverria 33 cm

Uno de los titulares que ha centrado la atención en estos días tiene como protagonista a Ignacio Echeverría, conocido como “héroe del monopatín”, después de fallcer al tratar de defender a una de las víctimas de los terroristas que actuaron hace una semana en el Puente de Londres. El resultado, por desgracia, no pudo ser más negativo para él, pero el hecho demuestra, una vez más, que no hay razón en generalizar la visión negativa del ser humano, como hacemos con tanta frecuencia. En esto, además, los españoles parecemos ser especialistas.

La familia, lógicamente, digiere el dolor como puede, pero encuentra algo grandioso en el impulso de su hermano, lo que les ayuda en cierta forma a hacer frente a la situación. Y es que hay algo especial en este tipo de comportamientos, que nos hace contemplarlos con admiración… aunque seamos conscientes de la dolorosa pérdida que en muchas ocasiones significan.

Pero habitualmente en la vida no nos encontramos con situaciones tan extremas, de vida o muerte. Muchas veces nos encontramos con situaciones incluso anodinas, en las que dar un paso al frente en defensa de los valores compartidos puede marcar una diferencia significativa. Como cuando rechazamos ser parte de una irregularidad administrativa, o apoyamos a un compañero o compañera que está siendo víctima de una situación de acoso, o denunciamos el maltrato, o cerramos las puertas a un acto de corrupción. Pequeñas heroicidades como éstas si están a nuestro alcance, por desgracia con mayor frecuencia de la que nos gustaría, y en ellas no solemos jugarnos la vida. Sin embargo, mirarlas con pasividad y dejar que sigan adelante sí que pone en riesgo elementos importantes de nuestra convivencia, que incluso podrían llegar a perjudicarnos directamente.

Hoy podemos sentirnos orgullosos de que un compatriota arriesgara su vida para defender a otra persona (probablemente desconocida para él), aunque dolientes del resultado. Podemos ver que nuestro país no es sólo un país de corruptos, e incluso puede que haya más héroes que villanos, aunque hagan menos ruido. Podemos empezar a pensar que ya es hora de dejar de mirar pasivamente la realidad (¡y mira que lo hacemos, en tantas ocasiones!), de asumir las cosas como están (aunque todos pensemos que no están bien), y comenzar a pensar que es posible un mundo mejor y que no hace falta jugarse la vida para hacerlo real.

Saquemos, pues, al héroe que llevamos dentro, y dejemos de mirar pasivamente (y con un fuerte pesimismo, además) la realidad que nos rodea. Y explotemos lo mejor de nosotros, en nuestro beneficio y en el de los que nos sucederán en la aventura de la vida.

Miguel Ángel García Pérez
Médico de familia, máster en Bioética y Derecho. Director médico de la Revista Madrileña de Medicina

PD. Podrán Vds. observar que, siendo ésta una revista médica, no he hablado para nada de Sanidad o de Medicina. Al menos explícitamente. Porque entiendo que todo lo dicho es de perfecta aplicación a este ámbito. Y al menos aquí sí que hay más héroes que villanos. Valorémoslo así y tratemos de aprovechar y mejorar lo bueno que tenemos y que podemos hacer.

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