CON FIRMA. “Qué pena, qué pena de gobierno, qué pena de ministra, qué pena de consejero, qué pena de país”, por Alfonso López García de Viedma

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Dr. Alfonso López Gª. de Viedma.
Qué pena ver, leer y escuchar estos últimos días todas las mentiras que se están diciendo en relación con el Ébola, el contagio, las informaciones a los profesionales, los estupendos protocolos, lo bien que funciona todo, lo bien que está organizado todo y lo bien que lo han hecho todo nuestros responsables sanitarios; ellos no tienen la culpa de nada, la culpa es de otros, qué pena…
Qué pena, porque todo es una mentira, porque aquí no ha funcionado nada, ni la información, ni la formación, no ha habido sesiones, no se han explicado los protocolos, no hay material de protección (y si lo hay es muy escaso, incompleto y de mala calidad), no se ha hecho un curso práctico en el que se enseñase el manejo de dicho material que según he oído se necesitan 20 minutos para ponerse un traje y 40 para quitárselo y no se ha hecho nada por la incompetencia de nuestras autoridades, por su incultura y desconocimiento del tema, por su dejadez, por su irresponsabilidad, por su prepotencia y por su arrogancia, nunca pensaron que el ébola llegase a España, esto es un problema de los “negros”, de Africa, de “por allá”, aquí no iba a llegar, así piensa esta gente y así nos va, qué pena…
Qué pena, porque parece mentira que en un mundo en el que cada vez que uno entra en un avión te dan un cursillo rápido de como abrocharse el cinturón y dónde están las puertas de salida, porque parece mentira que en un país en el que todos los años te dan un curso de aprendizaje rápido de cómo debemos tomarnos las uvas sin saltarnos ninguna campanada ni por supuesto ahogarnos con las prisas, a nadie se le haya ocurrido dar un curso práctico de cómo puedes salvar tu vida y la de los demás si te pones de manera correcta “un trajecito de nada”; parece mentira pero así es y esto porque esta gente no da para mas, les faltan luces, qué pena…
Qué pena, porque mira por dónde, para organizar reuniones en los centros de salud dirigidas por jefes y demás cargos de la Administración para hablar de temas tan importantes como la cartera de servicios, cumplimiento del gasto, uso racional del medicamento, gestión de suplencias, control de la IT, receta electrónica, el maravillosos programa informático AP Madrid etc.etc, no les falta tiempo ni gente y organizan incluso cursitos de días con asistencia obligatoria, con deberes para casa, y hasta en horario no laboral. Es evidente que estos cursos son fundamentales para salvar las vidas de los profesionales sanitarios, pero los cursos de formación de una enfermedad mortal para pacientes y profesionales, los cursos de formación del uso correcto del material que puede evitar enfermar y morir a los profesionales, es evidente que no tienen importancia y no merece la pena impartirlos, qué pena…
Pero sobre todo qué pena me ha dado ver y oír al consejero en su comparecencia pública y oficial ante el mundo dar la versión de los hechos, sabiendo ya antes que nadie dónde ha estado el problema, cuál ha sido el motivo del contagio y quién ha tenido la culpa, me ha dado pena y vergüenza escuchar a este impresentable que la culpa de todo la tiene la única víctima de este suceso, la auxiliar de clínica que se debate entre la vida y la muerte… Y no contento con eso la ha insultado gravísimamente llamándola MENTIROSA, y por si le parecía poco, tiene la poca vergüenza de decir que eso es cosecha propia, vamos que se lo imagina, ¡ole sus huevos!, qué pena…
Me parece un insulto intolerable, un acto vergonzoso, un acto de cobardía impropio de un consejero, de un profesional sanitario, de un médico, en definitiva de un compañero, me parece una falta de tacto, una falta de respeto a una profesional que no se puede defender y una falta de educación que no se puede tolerar, una falta de educación a un trabajador que además es una mujer y, sin ninguna intención de entrar en machismos o feminismos, a mi, por mi forma de ser y pensar, me parece mas grave aún por cuanto al respeto que yo tengo a cualquier mujer, trabajadora o no, y la admiración personal que tengo a cualquier mujer trabajadora por la dificultad tan enorme que en este país tiene para poder conciliar su vida familiar y profesional, las admiro.
Qué pena, señor consejero, haberle oído pedir disculpas al día siguiente, mejor había sido que se hubiese quedado calladito… No se las admito por varios motivos, porque son pobres, no son sinceras, no son sentidas, son exclusivamente para la galería, para intentar quedar bien. Hay cosas que en la vida no se deben decir, no se deben hacer y usted las ha dicho y las ha hecho y le han dejado marcado para siempre; ha cometido usted un error gravísimo y los errores, señor consejero, se pagan, o se lo deberían hacer pagar. Qué pena…
Qué pena, señor consejero, comprobar que sigue usted lanzando mensajes incendiarios, no se cansa de desprestigiar a los cuatro vientos a la profesional enferma, se permite frivolizar en un tema tan grave como el que nos ocupa y emite juicios de valor en torno a su forma de actuar, “tan mal no estaría para ir a la peluquería”… ¿Qué está pretendiendo, que le pida perdón antes de morir? ¿Y sigue usted manteniendo que pidió disculpas? Qué pena…
Qué pena, señor consejero, que no contento con maltratar a la enferma, nos maltrate a los profesionales, a todas las personas que en un momento determinado podemos poner en riesgo nuestra salud por hacer el trabajo al que nos dedicamos en cuerpo y alma, con absoluta vocación y sentido del deber, y nos insulte de la manera que lo ha hecho con manifestaciones como la de que “para explicar como quitarse o ponerse un traje no hace falta un máster”… Impresentable, creo que no merece comentarios, qué pena…
Qué pena, señor consejero, que además de todo lo mal que está haciendo las cosas, criticando, responsabilizando, insultando y difamando a todo el mundo menos a los suyos, se permita el lujo de ir por la vida demostrando su prepotencia y no le duelan prendas al afirmar que “si tengo que dimitir, dimitiría, soy médico y tengo la vida resuelta”… Así me gusta señor consejero, con un par de …, como debe ser. Me parece un acto de chulería sin precedentes, pasa usted por encina de todos los profesionales y a los médicos, sus compañeros, sus colegas, nos deja en muy mala situación, ser médico es sinónimo de poder, de dinero, de ir por la vida haciendo lo que nos de la gana, al fin y al cabo si nos echan tenemos la vida resuelta, qué pena…
Señor consejero, si le queda un poco de dignidad, váyase, dimita, no haga mas daño a la población, a los profesionales y sobre todo a Teresa, que le recuerdo que está debatiéndose entre la vida y la muerte, no espere a que le echen, qué pena…
La pasada noche me costó dormir, pensaba en esta pobre mujer, en su marido, su familia, en que se puede morir y encima con sentido de culpabilidad y el calificativo de mentirosa dado por el consejero, no se lo merece y pensaba que podía habernos pasado a cualquiera de nuestras mujeres si fuesen sanitarias y pensaba que si me hubiese pasado a mi no se lo que habría hecho, pero seguro que habría ido a por Vd. y le hubiese puesto una demanda judicial, una querella por difamación y falta al honor. Hay cosas en la vida que uno no puede tolerar y esta es una de ellas.
Creo sinceramente que los profesionales sanitarios en bloque deberíamos pedir la dimisión inmediata de este señor y desde este momento dejar de ser nuestra referencia sanitaria, ha perdido toda credibilidad, capacidad de negociación y de diálogo, ha perdido el respeto y la honorabilidad que su cargo le debería otorgar… Con una persona así yo me niego a dialogar, qué pena…
Alfonso López García de Viedma
Médico de Familia – Delegado de AMYTS
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