CON FIRMA. “Ojalá sea el tiempo de los que comprenden”, por Miguel Ángel García

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236 Miguel Angel Garcia 3x3 cm

Participar como ponente en algún evento siempre te hace repasar, y hacerte más consciente, de lo que conoces en torno a un tema. En este caso, tocaba hablar de relación médico-paciente a alumnos de Medicina, y en el repaso histórico que otro ponente hacía de la misma resultaba claro, una vez más, que ha sido necesario todo un proceso de comprensión de la realidad de la enfermedad y de la experiencia de los pacientes para que se haya ido haciendo efectivo (y aún sea necesario progresar en ello) el protagonismo del paciente, o al menos co-protagonismo, dentro de esa relación. Comprender, ponerse en el lugar del otro, empatizar con su realidad vital, es siempre un paso adelante en cualquier relación.

Seguimos pendientes, en España, del proceso independentista catalán, con un curso evolutivo peculiar cuando menos, y desde luego complejo. Los “personajes” del proceso, la cara pública del mismo, aparecen en muchos casos con un contenido simbólico que les hace centrar más atención de la que yo creo que merecen. Porque el problema no lo tienen ellos, sino que lo tienen miles de ciudadanos, millones, que ahora se encuentran expectantes ante un proceso electoral que parece plantearse de manera “frentista”, a ver qué parte de la sociedad catalana “gana”. Y mucho me temo que de este planteamiento no saldrá ganando nadie, sea cual sea el resultado.

Hace falta un nuevo avance en la democracia. La concepción “ombliguista” (de la que también hablaba mi compañera Mónica Alloza hace una semana en torno a un tema distinto), tan propia de nuestra sociedad occidental individualista, entiende la democracia como la forma de formar una mayoría que imponga el criterio propio, o el interés propio, o una mezcla de ambos, al resto de la población. Y esto lo vemos no sólo en la política catalana, sino que con frecuencia se hace evidente también en la política nacional, y me temo que también en la internacional. Se pone el acento en que es necesario pasar de una democracia representativa a una más participativa, pero a mí me parece que hay un reto aún mayor: pasar a una democracia comprensiva, inclusiva, donde el concepto de bien común (y vuelvo a otro concepto utilizado por Mónica Alloza) sirva al menos de referencia al objetivo que se pretende y al entorno en el que se pretende, junto al resto de miembros de la misma sociedad.

Y aquí es donde veo el principal problema de la sociedad catalana. En que no se trata de dirimir qué parte de la sociedad ha de imponer su criterio a la otra parte, sino en que esa sociedad está dividida, y no precisamente entre los catalanes y los no catalanes. Mala solución será la que no sepa integrar esas diversas sensibilidades, caminar hacia una solución de convivencia común y trabajar después su relación con el resto de la sociedad española (concepto que no se reduce a sus gobernantes, sino al conjunto de la población).

No es una seña de progreso dividir una sociedad e imponer un criterio, como tampoco lo es bloquear estaciones de tren o procesos de diálogo. Si la sociedad catalana quiere de verdad seguir construyendo futuro, y hacerlo con el liderazgo humanista que durante tanto tiempo ha tenido (y yo, al menos, le reconozco) en varios campos, será más bien en otra dirección, en la dirección de la comprensión y no en la de la imposición, venga de donde venga.

No es algo distinto de lo que ya han tenido que hacer las organizaciones médicas del ámbito catalán, reconociendo la necesidad de integrar diferentes sensibilidades, o de lo que hemos tenido que hacer el conjunto de la Medicina como profesión, reconociendo la necesidad de integrar no sólo la perspectiva, sino también la capacidad de decisión y participación del paciente en la relación médico-paciente. No se hace sin esfuerzo, y aún hay que seguir trabajando en ello, pero, desde luego, es un proceso necesario.

Ojalá no sea tiempo de imposición, sino que cada vez se abran más tiempos de comprensión. Ojalá sea el tiempo de los que comprenden.

Miguel Ángel García Pérez
Médico de familia, doctor en Medicina, máster en Bioética y Derecho

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