CON FIRMA. “Jugando a marcianitos y responsabilidad social en torno al Ébola”, por Miguel Ángel García

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Dr. Miguel Ángel García Pérez.
Alguien podrá pensar qué significa este título cuando de lo que queremos hablar es de la respuesta, profesional y social, que precisa la situación actual en torno al caso de enfermedad de Ébola en Madrid. Pero es la sensación que nos queda a muchos de los que tenemos una relación más o menos directa con el tema: que desde la autoridad sanitaria se está tratando todo esto como si de realidad virtual se tratara, un juego de marcianitos en los que uno se sienta en una maquinita y dirige a unos “drones” a su antojo. No voy a insistir más en esto, ya que, desde AMYTS, ya se ha hecho de manera más que suficiente. 
La respuesta que necesitamos, como profesionales y como sociedad, es una respuesta seria, responsable, realista, comprometida y solidaria: 
  • Los profesionales deben estar dotados de los mejores medios de protección y seguridad para poder realizar adecuadamente su actuación, y contar con la formación adecuada para su correcta utilización. Cualquier error que pueda surgir en dicha actuación puede poner en riesgo sus vidas y facilitar la expansión de la enfermedad.
  • El control de contactos debe continuar siendo serio y riguroso, dado que de ello depende que podamos lograr la contención total del brote en un breve lapso de tiempo 
  • La institución sanitaria debe incrementar la conciencia de la necesidad de estar suficientemente preparada para hacer frente, si fuera necesario, a nuevos casos, tanto derivados del caso actualmente existente como de nuevos casos que pudieran surgir en el futuro, al igual que están haciendo los sistemas sanitarios de otros países. Esta preparación debería consistir, como parece que ya están haciendo otras comunidades autonómas, en la definición clara y precisa de centros de referencia y circuitos de actuación en base a los protocolos existentes y la experiencia adquirida (tanto en Madrid como en otros lugares, del mundo occidental y sobre el terreno en el foco principal de la enfermedad, el continente africano), y en el diseño de adecuados procesos de formación, tanto teórica como práctica, de las unidades profesionales que deban hacer frente a posibles nuevos casos. En este sentido, no hay que olvidar la existencia de unidades especializadas del Ejército en el manejo de situaciones extremas de riesgo de contaminación de diferentes tipos,y de Organizaciones No Gubernamentales y otras organizaciones internacionales que están haciendo una magnífica y loable labor de atención en los países duramente afectados por el ébola. 
  • La sociedad en su conjunto debe ser también consciente de que la mejor manera de abortar el riesgo que supone la enfermedad de Ebola debe ser la de mostrar su solidaridad con los profesionales que están haciendo frente, en primera línea, a la enfermedad. Las actitudes de aislamiento social que se está produciendo en su torno no ayudan a apoyar su compromiso profesional, y no tienen ninguna justificación en base a la baja contagiosidad de la enfermedad. No puede ser que quienes están haciendo frente a la enfermedad, en nuestro nombre y en nombre de toda la sociedad, sean víctimas del rechazo en lugar de destinatarios de nuestro reconocimiento más profundo. 
  • Los medios de comunicación deberían reflejar la necesidad de este compromiso social y colaborar en la creación de un ambiente social de serenidad y compromiso, ante una situación que, previsiblemente, puede estar controlada en un breve período de tiempo (y ojalá que con la recuperación de los afectados). En la lucha contra el ébola es necesaria la participación y el compromiso de todos. 
Y para liderar todo esto precisamos de responsables políticos conscientes de la dimensión social y humana de esta crisis, y que se centren en apoyar la actuación y las decisiones técnicas y no en obtener beneficio político de esta crisis. Un nuevo “Churchill”, con su famosa “sangre, sudor y lágrimas”, sería un magnífico líder para la valiosa actuación que en este caso tenemos los profesionales y para dinamizar la necesaria solidaridad y reconocimiento por parte del conjunto de la sociedad.
Miguel Ángel García Pérez,
director médico de la RMM
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