CON FIRMA. “Horizontes laborales del PAIME”, por Miguel Ángel García

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2016 Miguel Angel García3x3 cm

La bondad del PAIME, el Programa -desarrollado por la Organización Médica Colegial- para la Atención Integral del Médico Enfermo, parece haber vuelto a ponerse de manifiesto en el reciente Congreso celebrado en torno a dicho programa en las Islas Baleares. Sus cifras apuntan a un incremento en el número de profesionales atendidos y acompañados en su proceso de enfermedad y de recuperación posterior, al parecer con un resultado bastante exitoso. No es de extrañar, pues, que la OMC se sienta orgullosa de dicho programa.

Sin embargo, y como reconoce la propia organización, una de las limitaciones más importantes del PAIME es su alcance: no sólo es poco conocido entre los profesionales, sino que además está poco reconocido dentro del marco laboral sanitario, aunque se van dando avances en ello.

La evaluación del propio programa orienta en este sentido: el 65,4% de médicos que participan en el programa han accedido a él de forma espontánea, y el 34,4% lo han hecho inducidos por su entorno cercano (familia, etc). Esto deja poco margen para que el entorno laboral, uno de los ámbitos donde la enfermedad (sobre todo la enfermedad mental y las adicciones) del médico pueden generar problemas, pero desde el que sólo proceden el 15% de los casos. Y es que, probablemente, esté demasiado poco presente en la gestión sanitaria esta herramienta como forma de resolver algunos de los problemas que se presentan.

Pongo un ejemplo. El doctor X, afecto de la enfermedad Y, realiza contratos de sustitución en una entidad sanitaria. Su enfermedad crea problemas tanto a sus compañeros como sus directores, y se piensa que también puede resultar negativa para la atención que se está prestando. Por ello, el equipo directivo de esa entidad decide excluirle de futuras contrataciones, saltándose el procedimiento reglamentario para ello. Pero lo mismo podría pasar si el Dr. X fuese personal fijo de plantilla a quien, en base a los problemas que está creando, su superior jerárquico ha decido enviar a una consulta específica de bajo riesgo dentro de su servicio a la que ningún otro compañero quiere ir.

Sintiéndose discriminado, el doctor X acude a su sindicato profesional médico, que, como defensor de sus derechos profesionales, cuestiona a la dirección del centro su actuación, que se escuda en la presunta incapacidad del profesional. El representante sindical, o el abogado del profesional, o el propio profesional, invita entonces a la dirección a tomar medidas dirigidas a resolver su incapacidad, y no a “quitárselo de enmedio”. Pero ésta desiste de actuar en esa línea, porque “no quiere complicarse la vida”. Lo que ocurra a partir de aquí puede resultar, como todos pueden imaginar, dantesco.

Hay que establecer cauces en el ámbito sanitario para resolver de forma constructiva este tipo de problemas. No se puede entender al médico (a cualquier trabajador, pero en este caso estamos hablando de médicos) como un mero medio, una mera herramienta que, cuando no sirve, se tira, o se desprecia, o se margina. Eso, que es el resultado de “mirar para otro lado”, no es de recibo en una sociedad avanzada, en una institución sanitaria avanzada. Y sólo conduce a resultados negativos.

Hay que dialogar, por tanto, en el ámbito laboral sobre este problema. No basta con financiar el programa, hay que desarrollar su aplicación práctica en el ámbito laboral entre los agentes sociales, la administración y los sindicatos profesionales, y hay que hacerlo sin olvidar que existe una magnífica herramienta para tratar a los médicos enfermos: el PAIME. Hay que hacerlo de forma que se garanticen la confidencialidad, la justicia y los derechos del profesional, así como la cobertura social adecuada.

Y, por supuesto, los derechos de los ciudadanos. Pero se da la paradoja de que ésta que se propone sería la mejor manera de garantizarlos: que los profesionales se sientan seguros y confiados como para reconocer sus problemas, cuando estos aparezcan, o para comunicar los de los compañeros (obligación deontológica). Se garantizaría así una intervención precoz y, probablemente, mucho más eficaz, y una mejor defensa de los derechos de todos los implicados.

Mirar para otro lado tiene resultados nefastos. Afrontar la situación ofrece mejores horizontes. Y contar con programas como el PAIME y sus variantes es toda una oportunidad para llevarlo a cabo de manera positiva.

Miguel Ángel García Pérez
Médico de familia, máster en Bioética y Derecho. Director médico de la Revista Madrileña de Medicina
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