CON FIRMA. “El sino de la profesión médica en España: ser planificada sin datos”, por Miguel Ángel García

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Vuelve a escucharse la frase “Faltan médicos”, y vuelven a barajarse, sin más preámbulos, medidas heroicas para subsanar ese déficit. Se acude nuevamente a la posibilidad de contratación de médicos extracomunitarios, como ya se hiciera de forma pseudo-masiva en tiempos (hace por ahora unos 10 años ya), pero con la novedad añadida de que se puedan incorporar en régimen estatutario en algunas comunidades autónomas, como es el caso de Madrid. ¿Realmente existe ese déficit?

Pues nos vamos a quedar sin saberlo. No existe información oficial reciente al respecto, dado que el último informe demográfico de la profesión médica lo presentó el Ministerio de Sanidad en el año 2011; en él se apreciaba un discreto incremento del número de efectivos médicos hasta el año 2017, comenzando después un declive que podría producir un ligero déficit a partir del año 2020, de no tomarse ninguna medida correctora; y ello sobre todo a costa de los médicos de familia, que aparecían como un colectivo más envejecido que la media de la profesión. No había, en aquel informe, grandes signos de alarma en torno al momento que ahora atravesamos, y, además, el numerus clausus se ha elevado ligeramente desde entonces; además, la cifra actual de médicos parece estar muy por encima de la prevista en esa proyección, lo que iría en contra de un déficit real de médicos en este momento.

Pues con proyecciones de hace 6 años que no anticipaban grandes problemas, con un número mayor de médicos del esperado, con una crisis de la medicina de familia que complica las cosas para la especialidad que podría dar problemas en el futuro próximo (y ante la que las autoridades sanitarias no han dado muestras de preocupación), sin datos actuales que realmente sirvan para contrastar la realidad de la disponibilidad de médicos en España, y sin contemplar cauces alternativos de acción (como por ejemplo la incentivación de plazas que puedan resultar de difícil cobertura, que previamente habría que definir, como se hace ya en nuestro país en el ámbito de la Educación, y como se viene haciendo desde hace tiempo en países de nuestro entorno en el propio ámbito de la Sanidad, o la mejora de las condiciones de contratación de nuestros jóvenes médicos, que acaban acudiendo a otros mercados para encontrar las opciones profesionales que nuestro sistema no les quiere ofrecer), nuestros próceres político-sanitarios se disponen a aprobar, en el próximo Consejo Interterritorial, nuevas medidas heroicas para solventar el supuesto déficit de médicos. Déficit que, por cierto, deben haber sentido a partir de algún tipo de detector especial instalado, quizás, en las estaciones meteorológicas dispersas por nuestro territorio, con alguna tecnología desconocida hasta el momento, y con un tratamiento totalmente opaco de los datos, pues no hay huellas de todo ello por ningún sitio. Desde luego, la única fuente plausible para este tipo de sensación parecen ser las noticias de dificultades para cubrir determinadas plazas en unas condiciones no de precariedad, sino de falta absoluta de respeto, en la pasada temporada estival; pero eso no obedece a un déficit de médicos, sino a un déficit de seriedad política y contractual de quienes luego no tienen rubor en predicar la necesidad de innovar en gestión sanitaria.

Se vuelve a hablar de agilizar el proceso de homologación de títulos extranjeros, como hace una década. Efectivamente, en medio de un momento en que también los sensores meteorológicos parecían informar de una situación de falta de médicos (no confirmada por ningún estudio, e incluso negada tan sólo dos o tres años antes por los mismos agentes que luego ponían el grito en el cielo por la supuesta carencia), ya surgió esa misma discusión, y se abrió un proceso de “agilización” de la homologación de títulos extracomunitarios, criticada por las organizaciones profesionales. Dicho proceso culminó en la definición de un nuevo procedimiento de “habilitación” profesional, técnicamente denominado como de reconocimiento de efectos profesionales a los títulos de especialista obtenidos en Estados no miembros de la Unión Europea, en base al Real Decreto 459/2010 de 16 abril. En él se proponía como parte del procedimiento un período remunerado de formación en prácticas para verificar el reconocimiento, o un período un poco mayor, de hasta 9 meses y no remunerado, para completar los déficits formativos detectados. Esta nueva regulación obviaba la homologación con validez académica del título original, exluyendo así al Ministerio de Educación del proceso, que quedaba de esta manera bajo la tutela del Ministerio de Sanidad (en concreto, de su Dirección General de Ordenación Profesional); pero tan sólo unos meses después de su nacimiento quedó en un cierto desamparo, al desaparecer la sensación (que ya casi podemos denominar meteorológica) de déficit, lo que desde entonces motiva continuas quejas (y denuncias) de los médicos extracomunitarios por la lentitud con que se desenvuelve.

Sorprende, por tanto, que se proponga la agilización del proceso de homologación de títulos, con participación del Ministerio de Educación, cuando ya en su momento se abrió esa nueva vía, que bastaría con poner a funcionar de forma ágil. O que la Comunidad de Madrid pretenda facilitar la incorporación de médicos sin la nacionalidad española o comunitaria, mediante un cambio legislativo que permita su acceso a contratación por vía estatutaria (una contratación cuasi-funcionarial que sorprende pueda ofrecerse, al menos en su formato de estatutario fijo, a personas sin la nacionalidad española o comunitaria); la evidencia muestra que, en  cualquier convocatoria de OPE de entre las realizadas en nuestro ámbito, el número de candidatos dobla, como mínimo, al número de plazas ofertadas. No puede hablarse, por tanto y en este caso, de plazas de difícil cobertura, y mucho menos recurrirse a figuras extraordinarias sin haber tratado primero de tomarse en serio cosas tan básicas como la mejora de las posibilidades y condiciones de contratación o la incentivación de las que, realmente, sean plazas de difícil cobertura que, por cierto, están sin definir. Con todo ello, parece claro que lo único que se busca es aparecer con titulares de prensa efectistas mientras se continúa precarizando el ejercicio de la profesión médica y fragilizando aún más el futuro de nuestros profesionales y el funcionamiento de nuestro sistema sanitario.

Sin datos no se puede planificar. Es un tópico de las escuelas de gestión. Pero parece que eso no tiene que ver con el mundo real, debe ser pura teoría.

Miguel Ángel García Pérez
Médico de familia, Doctor en Medicina, Director médico de la Revista Madrileña de Medicina

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