CON FIRMA. “Humanización y asistencia sanitaria a inmigrantes sin papeles”, por Julián Ezquerra

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137 Julian Ezquerra 3x3 cm

Creía que un drama era cuando llora el actor, pero la verdad es que lo es cuando llora el público.
Frank Capra

Desde el año 2012, tras el decreto que excluye de la asistencia sanitaria a los inmigrantes “sin papeles”, estamos viendo a muchos actores “llorando” por esta situación, aunque estos lamentos mas bien están relacionados con su “papel protagonista de la vida social”, cuando el verdadero drama, el llanto auténtico es el de los que sufren esta exclusión, que se añade a una de por sí lamentable situación en la que se encuentran. Ser inmigrante, alejarte de tu familia, tu país, tener que salir a buscar un bienestar mínimo del que careces, es muy duro y provoca verdaderos dramas sociales.

Desde que en el año 2012 se genera este serio problema, hemos pasado varias fases. La primera, la de la decepción general por una medida de este calado, que ponía en serio riesgo a un colectivo muy importante y, además, muy vulnerable. Se alzaron voces de políticos, profesionales, asociaciones, organizaciones no gubernamentales, etc. Se reclamaba de forma continua y se daban cifras carentes de soporte documental; se hablaba de cientos de miles, pero no se podía determinar el alcance real de los afectados. También hay que decir que había y hay políticos y organizaciones que apoyan la medida, que argumentan a favor, aunque son pocos los que lo hacen y, además, con bases más de tipo administrativo-legal.

Pero hemos llegado a un momento crucial. El pasado mes de mayo se celebraron elecciones autonómicas, y de sus resultados se han derivado sustanciales modificaciones de los poderes políticos regionales. De un azul intenso se ha pasado a una mezcla de rojo y azul, con algunos toques de color por ciertas zonas. Vamos, que para muchos es el momento de retratarse y poner en marcha lo que reclamaban y defendían. Y claro, ahora llegan las contradicciones. Y además, en el horizonte inmediato hay unas elecciones generales, y la política invadirá todo aún más.

Comenzamos por hablar de Madrid. El cambio político no se ha producido en lo que al color se refiere, aunque el nuevo gobierno ha comenzado por desmarcarse de forma abierta y nítida con todo lo que suponía su pasado. La presidenta Cifuentes anuncia sanidad para todos, y nombra un Consejero de perfil diferente a todos los que le precedieron. Al poco de su nombramiento, tras el primer Consejo Interterritorial en el que participa, anuncia que Madrid dará asistencia sanitaria a todos, con o sin papeles. Se lanza a una carrera y sale el primero, sin pensar que estas medidas son complejas y un mero anuncio no es suficiente. Hay que regular todo, solucionar los problemas de índole administrativo, buscar las fórmulas que permiten sortear la norma estatal, etc., y eso requiere un tiempo y un poco de pensamiento. Fruto de la falta de estos elementos han sido las tres comunicaciones que se envían a los profesionales y que se hacen en una semana, en la que una aclara la previa, y la última, que más bien será penúltima o antepenúltima, a la anterior. Ahora tenemos claro cómo se dan de alta, que se puede hacer de todo, menos recetas llamémoslas “normales”. Recetas blancas sin financiación pública. ¿Buscaban una medalla? La oposición, salvo Ciudadanos que se abstiene, insta a que se de asistencia a todos, y el partido del Gobierno se opone, bajo la idea de que no dará tarjeta sanitaria normal. Cada uno a lo suyo. Y aparente contradicción.

En otras CCAA se apresuran a decir que ellos también darán asistencia universal, incluso en alguna de ellas se pasa a la denominación de Consejería de Sanidad Universal y Salud Pública. Qué grande, qué bueno, qué interesante. Esto vende mucho. Pero resulta que la Sanidad Universal solo es a partir de un tiempo de permanencia en la CCAA, vamos, que tiene un periodo de carencia. Trampa.

Pongo estos dos ejemplos para denunciar que el drama no está en los actores, en este caso los políticos, sino en los afectados por estas medidas. El drama, está en los miles de inmigrantes afectados que escuchan cosas y que luego nadie cumple. El drama es explicar a los afectados que deben esperar un periodo de carencia, o que deben pagarse todas las medicinas. El drama es que los profesionales tengan que explicar este laberinto a los pacientes afectados. El drama está en el origen del problema, el que hace que los obligados a emigrar no vean resuelto el problema en origen. El drama es que un profesional no pueda ejercer su oficio sin mirar la tarjeta sanitaria, el derecho a prestar asistencia, o el que en ocasiones se vea obligado a buscar subterfugios para vadear los problemas administrativos.

Dejen que los profesionales pueden ejercer su trabajo con tranquilidad, que los pacientes no sean de primera y de segunda. Políticos, gestores, autoridades: estamos representando un drama y el público llora. Pero esto no es un teatro, no es una ficción, estamos ante una realidad que hace sufrir a mucha gente, y lo último y más rastrero que se puede hacer es sacar rédito político de ello, del sufrimiento de miles de afectados.

Julián Ezquerra Gadea
Médico de familia. Secretario General de AMYTS

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